Cuando acudí a la presentación a inicios de febrero hubo dos cosas que no me gustaron nada: el cambio de batería y la nueva tarjeta XQD, lo que supone que cuando viajas con dos cuerpos tienes que llevar cargadores y lectores de tarjeta diferentes, lo que no resulta nada práctico para mi, que estoy acostumbrada a viajar con el mínimo peso y volumen. Tampoco me gusta la idea de montar la tarjeta Compact Flash al revés (hay muchos actos que los tienes mentalmente interiorizados y los realizas automáticamente, si hay que pensar pierdes un tiempo precioso) y puestos a pedir, el disparador silencioso podría serlo un poco más. Así que ya estaba decidida a comprarme la D3S, pero no lo voy a hacer porque tal y como insinúa su nombre la D4 tiene cuatro "D", "detalles" o más bien poderosas razones, para decantar con diferencia la balanza a su favor: ISO, RAPIDEZ, ENFOQUE Y BUFFER.
Lo que hasta ahora me parecía imposible va a pasar a ser un juego de niños: tirar hasta 12.800 ISO sin romper ni ensuciar los colores y con una definición brutal, a partir de ahí el grano va aumentando y el ruido también, pero me da tranquilidad saber que en un momento dado -actos o actividades con sujetos en movimiento y con luz nocturna donde la utilización de flash coacciona el desarrollo de los hechos- voy a poder subir a 25.600 ó 51.200 ISO para poder aumentar la velocidad a fin de congelar la imagen y tener la fotografía. Por encima de esta sensibilidad la imagen ya no me parece aceptable. Me ha sorprendido gratamente el auto-focus en condiciones de poca luz: un pequeño contraste es suficiente para clavar el foco.
Este fin de semana me lo he pasado muy bien a sabiendas de que el día que pueda comprarla me lo voy a pasar muchísimo mejor: es rápida, endiabladamente rápida, con sus 10/11 fps., lo que sumado al efectivo seguimiento de enfoque la convertirán en la cámara deportiva por excelencia, y ahora sí, ¡por fin!, con plenitud de imagen: ¡ráfagas interminables en RAW! ¡Se acabaron los deportes en .jpg!