Nikon D810, mis impresiones
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Nikon D810, mis impresiones
Hace 2.500 años Heráclito nos lo reveló: “nada es permanente, a excepción del cambio”. Y así, en la vida y en la fotografía, todo es cambio constante, abrumador y estimulante, como la Nikon D810. Estas fueron mis sensaciones, cámara en mano.

5

Dic2014

Cámara: Nikon D810.

Objetivo: AF-S NIKKOR 24-70mm f/2.8G ED

 

Eventos fotografiados: una manifestación, una feria temática, un espectáculo de danza.

El primer día que salí a trabajar con la cámara llovió, diluvió, y no llevaba en la mochila una funda protectora adecuada. Aplicando el refranero más optimista y su “no hay mal que por bien no venga”, aproveché para testear si el cuerpo estaba realmente sellado al agua. Protegí la lente con una bolsa de plástico y las gotas que salpicaron el cuerpo, muchas, demasiadas, se marcharon como llegaron, sin más.

La luz, a última hora de la tarde, era escasa y mezcla de natural y artificial. Pero el 2.8 de la óptica y el primer contacto con la eficacia del ISO a 1600 resolvieron la situación sin titubeos permitiéndome disparar a velocidades relativamente altas (la imagen anterior, por ejemplo, a 1/125).

Un par de días después cubrí el festival erótico de Barcelona, organizado en un polideportivo. Y el amigo Heráclito apareció de nuevo para explicar dos temas.


Uno: los cambios, en cuanto a tecnología se refiere, pueden ser maravillosos. Hace mucho tiempo que se podía disparar a ISO 3.200, a 6.400, eso no es nuevo. Pero los resultados eran casi siempre más que discutibles. La D810 trabaja sensibilidades que van del 64 al 12.800, pudiendo alcanzar entre 32 y 51.200. No necesité valores tan elevados, pero trabajando entre 2.000 y 6.400 la cámara es muy  sólida en detalle y color y puedes comprobar cómo ese fenómeno molesto e inevitable que era antaño el ruido se está transformando, lentamente, en algo cada vez más alejado del presente.
El 24-70 volvió a ser el compañero perfecto para el trabajo, la versatilidad de una lente zoom como ésta es ideal en fotoperiodismo, donde necesitas el 24mm para captar un retrato con más contexto en un lugar al que puedes acercarte mucho, y un segundo después, sin tiempo para cambiar de objetivo, utilizas el 70mm para un retrato más cerrado de una persona que está a una distancia algo mayor (la primera imagen está disparada con el 24 mm, la segunda con el 70 mm).

El edificio elegido para la sesión de danza, está recubierto de fragmentos que cambian de luz cada vez que te mueves frente a ellos, constantemente.

Paredes de metal que, como el mismo río en el que no podemos bañarnos dos veces, que diría Heráclito, siempre son distintas aun siendo las mismas.


El último día que utilicé la D810 retrataba a una bailarina, Silvia Pérez, y fue entonces cuando pude apreciar la precisión de su sistema de enfoque: 51 puntos de enfoque y un sistema de seguimiento predictivo sencillo y resolutivo, una herramienta rápida y eficaz.
Ante los cambios sólo hay dos actitudes, la resistencia o la adaptación, el lamento o el aprendizaje, el sufrimiento o el disfrute. El sensor de la D810 y sus 36.3 megapíxeles de resolución, generan archivos RAW comprimidos de más de 40 MB, con tamaños de salida de 7.360 x 4.912 píxeles, más que suficientes para imprimir copias de varios metros. Lo genial del tema es el enorme rango dinámico, la calidad cromática y el brutal margen de maniobra en la postproducción que eso implica.
Lo menos cómodo, que nuestro ordenador requerirá una actualización, si no está a la última, y deberemos seguir invirtiendo en tarjetas de memoria de más capacidad y velocidad. Para revelar archivos semejantes, con Lightroom 5 y un PC a 64 bits, 8 Gb de RAM se quedan cortos, 12 Gb justos y 16 Gb empiezan a ser suficientes.

Tratándose de un trabajo de danza y disparando en RAW 14 bits y modo de disparo continuo a baja velocidad, los 5 fps y las 23 fotografías consecutivas  que ofrece la D810 son casi tan imprescindibles como resolutivas; a veces, en situaciones más o menos imprevisibles, ayuda encontrar un encuadre y esperar, dedo en disparador, que ese momento esperado suceda ante la cámara.
Y en esa posición, por cierto, un último detalle no por obvio menos importante: la ergonomía. Con una cámara que pesa 980 gramos, una lente de 902 g. y un brazo (el mío) muy modesto, se agradece que la  empuñadura sea cómoda y fiable. Si alguien llega a la D810 desde las conocidas D3/D3s o D4/D4s, la sentirá casi tan robusta y algo más ligera, los que lleguen de rangos inferiores, al contrario, encontrará un aspecto, solidez y manejo profesional y más peso (casi el doble) que la D5300 o la D7100.

Resumiendo, una cámara todo terreno que mejorando a su antecesora D800 y acercándose a la D4s camina con serenidad pero firmeza hacia lo más alto de las réflex Nikon. Hasta que, como nos dijo Heráclito, un nuevo cambio nos lleve un poco más allá.
Comentarios
Angel Crespo Cagiao
11/12/2014
Sin duda una gran cámara, espero que pronto esté en mis manos...
Elena Estrada
07/12/2014
Filosofía y preciosas imágenes para un artículo técnico, que suelen ser mucho más aburridos! Gracias por compartir :-)
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Sobre el autor
Jesús G. Pastor
Jesús G. Pastor
Fotógrafo, periodista y viajero impenitente. A veces, también aprende enseñando.

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