CV: ¿Trabajas aún en “analógico”. Aunque sea esporádicamente?
DV: No, y me costaría mucho. Cuando te acostumbras a las ventajas -no vamos a entrar en los inconvenientes, que los tiene- del digital, difícilmente haces marcha atrás.
CV: ¿Qué prefieres retratar, personas, o naturalezas muertas. Pros y contras de ambos temas?
DV: Me gustan mucho las dos modalidades. Trabajar con personas es más complicado porque tienes muchos condicionantes. Hace años di una conferencia titulada “Los famosos retratos de los famosos” donde explicaba la cantidad de factores que pueden llegar a influir en este tipo de retratos, desde la gente que hay alrededor del personaje hasta los diferentes tipos de “imágenes” que tiene un personaje público, pasando, habitualmente, por disponer de poco tiempo para las sesiones. A favor tiene que es un reto mucho más emocionante y es muy gratificante conseguir buenas fotos de personas que no son modelos. Y, humanamente, es muy enriquecedor conocer a gente destacada en diferentes ámbitos.
En cuanto a la naturaleza, que no está para nada muerta, si es en estudio, es un trabajo mucho más meticuloso, más sosegado, donde lo divertido es ir evolucionando la composición, los fondos, y -sobre todo- la luz. Aunque a algunos no se lo parezca, la del bodegón es una labor tremendamente creativa, que exige mucha reflexión e investigación. He dedicado mucho tiempo buscando luces imposibles para alguna fotografía y probando efectos. No me considero un fotógrafo especialmente técnico pero siempre he jugado con los límites y me encanta asumir riesgos. ¿De qué otra forma, si no, consigues avanzar?
A nivel personal, trabajar en plena naturaleza es un placer y se ha convertido en una terapia que uso cuando quiero escaparme de la presión cotidiana a la que nos hemos mal acostumbrado. En esos momentos, lo de menos es el resultado. No necesitas ni la cámara. Lo fascinante es el estado semihipnótico que puedes alcanzar abstrayéndote de todo. En el fondo, el proceso creativo más que un medio es el fin.
CV: ¿Eres amante de la concursística?
DV: No, pero tengo una extraña relación con los premios LUX de la Asociación de Fotógrafos Profesionales.
Estuve desde su nacimiento en la organización y durante muchos años me tocó ver los toros desde la barrera. Me emocionó muchísimo subir a recoger en el 2005 el oro en Retrato y aún más porque me lo entregó, como representante de los laboratorios EGM, Montse Carbonell, que había sido la directora de la AFP en mi época de presidente.
CV: ¿Cuáles son los premios recibidos más relevantes?
DV: Los que más ilusión me han hecho han sido el LUX oro citado anteriormente y el LUX plata recibido hace un par de años. El primero, aparte de por la anécdota, fue un encargo de ensueño. Para el congreso de UGT me propusieron hacer una versión reducida del Avedon “In the American West” pero con “currantes”. Retratamos a más de 100 personas y finalmente se seleccionaron 14 retratos de los que, entre otras aplicaciones, se hicieron ampliaciones gigantes para ambientar la impresionante catedral de Lérida: la Seu Vella. El contraste entre la placidez arquitectónica y la fuerza de los retratados era impactante.