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Fecha de publicación:  21/12/2007
Entrevista a Clemente Bernad

Al filo de la navaja
Núria Gras
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La polémica ha envuelto injustificadamente el trabajo de Clemente Bernad (Pamplona, 1963), a raíz de su reciente exposición en el Guggenheim. Pero más allá de estos lamentables hechos, Clemente es un fotógrafo comprometido y con una sólida carrera a sus espaldas, empeñado en mostrarnos lo cerca que estamos del horror, y que una guerra son mucho más que cifras estadísticas.

Nikonistas:¿Como te defines como fotógrafo?
Clemente Bernad: Fundamentalmente, soy fotógrafo porque me gusta aprender de aquello que observo. Utilizo la fotografía para vivir experiencias, aprender de ellas, y por supuesto, para contarlas.

La fotografía me parece el medio idóneo para mirar aquello que me interesa, pero si hubiese otro medio más adecuado, no utilizaría la fotografía. Quizás, en el fondo, no soy fotógrafo.

NKT: Eres fotoperiodista pero también crítico con el fotoperiodismo, ¿Cómo ves este trabajo en relación a los medios de difusión?
CB: Soy critico en relación con los medios, porqué creo que no son tan importantes las fotografías como el uso que se hace de ellas, y no es una opinión solamente mía, sino que está muy extendida. Es un debate abierto, dentro de los medios y en cualquier otro ámbito donde exista un soporte para la fotografía.
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Con el fotoperiodismo soy muy crítico, no tanto por el uso, sino por la esencia misma del fotoperiodismo. Las fotografías son enormemente frágiles para hacer periodismo. Una imagen fotoperiodística se lee en clave de verdad por parte del público porque el fotoperiodismo es el lugar de la verdad, pero esto representa una trampa mortal para el fotoperiodista que sabe que tiene ganada cierta reacción por parte del público publico.

La fotografía es un medio muy evidente y a la vez muy ambiguo y los fotoperiodistas estamos siempre al filo de la navaja, la línea donde se puede hacer periodismo de verdad es muy delgada, a ambos lados ya no hay fotoperiodismo. Existe demasiado espacio para la impunidad con las imágenes, mi opinión es que el periodista debe evitar caer en esos espacios y ser más ético.

Es el debate eterno, hasta cierto punto me cansa pero a la vez me alimenta, qué haces con la realidad, la verdad, hasta qué punto las fotografías reflejan la verdad, ¿son objetivas?, ¿son subjetivas?... objetivo/subjetivo tampoco me parecen términos adecuados, están ya muy vacios.
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NKT: ¿qué opinas de la frase: El fotoperiodismo ha muerto?
CB: Nunca morirá, siempre habrá historias que contar.

NKT: ¿Se puede ser políticamente correcto en esta profesión?. ¿Un fotoperiodista es exclusivamente un testigo o, por el contrario, debe arrojar una opinión con su trabajo?
CB: Yo creo que el fotoperiodista tiene que ser testigo de los hechos que intenta transmitir. El fotoperiodista debería despojarse de sus propias opiniones para transmitir exclusivamente los hechos. Creo que es más difícil que opinar, personalmente, opinar me parece sencillo, dar cuenta de unos hechos mediante fotografías, es mucho más difícil. Manejar toda la información que te llega de un hecho para contarlo dentro del contexto fotoperiodístico, es complicado.

A la fotografía le hemos exigimos demasiado desde el principio, ¿una opinión?, ¿una posición?. No me considero suficientemente capacitado para opinar, es más que suficiente con mostrar. No entiendo porque a los fotoperiodistas, además de mirar, se nos exige una opinión sobre aquello que estamos mirando.
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NKT: ¿Qué te interesa de la fotografía, fuera del ámbito fotoperiodístico?
CB: Fuera de este contexto la fotografía no me interesa tanto. Me interesa el fotoperiodismo porque es el lado más salvaje de la fotografía. Este margen tan estrecho te exige responsabilidad y te permite a la vez establecer un vínculo personal. En otros contextos, como el artístico, no necesitas rendir cuentas de tus actos éticos o creativos, pero es una opción que respeto.

NKT: No deja de ser curioso que esta opinión la arroje una persona licenciada en Bellas Artes...
CB: Efectivamente, en el fondo me he despojado de estos lastres para poder hacer este tipo de fotografías.

NKT: Entre tus trabajos se encuentran temas extraordinariamente cercanos como Pouvres de Nous, un trabajo colectivo sobre la exclusión social en Europa que realizaste hace ya doce años, o más recientemente, El sueño de Malika, que muestra el regreso, a su aldea natal, del cuerpo de una joven marroquí, muerta al intentar llegar a España en una patera. ¿Parece que con tu trabajo intentas mostrar lo cerca que está nuestra sociedad opulenta de la miseria?
CB: En este caso, lo que yo quería era contar una historia sobre emigración pero a la vez estaba un poco harto, no como persona, sino como espectador, de la épica que rodea el tema de la emigración y la llegada de pateras. Al final todos vamos a un lugar para hacer prácticamente la misma foto.

Me interesan los lugares que no son fáciles de transitar, sobre todo los relacionados con cuestiones sociales. Creo que el fotoperiodismo debe ocuparse de las puertas traseras, de iluminar esos lugares oscuros que tienen todas las historias y que están ocultos a la vista.
Me siento atraído, casi obligado, a trabajar dentro de estos ámbitos, aunque me resulta muy difícil y me cuestiono constantemente.
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Lamentablemente este modo de trabajar, de arrojar luz sobre los aspectos menos visibles, te lleva a tener problemas y sufrir incomprensión, ¿Qué haces fotografiando ahí, donde no hay nadie?, ¿por qué miras ahí?.

En el caso de Malika, esta mirada es más fácil de comprender y de aceptar, pero en mi trabajo sobre el País Vasco esas puertas traseras son tabú. Lo mismo me ocurrió con mi trabajo sobre los huelguistas de hambre en Turquía, en ese caso al ser yo extranjero y un tema totalmente ajeno a mi, esta forma de trabajar era menos sospechosa y por lo tanto menos peligrosa para mi.

En definitiva, me gustan este tipo de historias en cierta medida complicadas, y contarlas además con un instrumento complicado como es la fotografía.

NKT: Contar la historia de Malika es contar la historia de miles de personas que han perdido la vida para llegar a España. ¿Crees que en España nos hemos hecho impermeables a este drama cotidiano?
CB: Yo no creo que estemos anestesiados, ni desde el punto de vista de consideración social del problema, ni tampoco creo que las imágenes nos vuelvan inmunes a estos dramas, jamás he pensado eso. Es más, Susan Sontag, que promovió esta teoría en su famoso libro Ante el dolor de los demás, antes de morir se desdijo completamente de esa teoría, y esa tesis ha funcionado muy bien durante muchos años.

Sí es cierto que en los medios impresos las imágenes son muy efímeras, pero las imágenes periodísticas pueden ser leídas con mucha más profundidad en una sala de exposiciones que en un periódico, a pesar de que también producen reacciones encontradas. Me interesa mucho este enfoque, que unas imágenes concebidas para ser consumidas de forma masiva, sean leídas en una sala de exposiciones con mucha más intensidad.
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NKT: Sobre esto que comentas, ¿no temes que las salas de exposiciones y los museos puedan acabar reemplazando a los medios masivos, como soporte para las imágenes periodísticas?
CB: No, en absoluto, no creo que estemos en ese punto, más bien al contrario, estamos en un momento clave en el que se van a abrir nuevos soportes, mas masivos incluso que un periódico o una revista. La pregunta es como conseguir insertar estas historias en los nuevos soportes, que de hecho ya son una realidad.

NKT: Viendo tus fotos es fácil darse cuenta de lo cerca que estás emocionalmente de las personas a las que fotografías. ¿Qué cicatrices te dejan tus trabajos?
CB: Muchas. Una vez te asomas a estas historias ya no hay marcha atrás. A mi personalmente me llega mucho, y si estas historias no me tocasen no haría este trabajo. No es que busque deliberadamente sufrir, pero necesito vivir estas experiencias para contarlas, sino seria una mentira absoluta.

NKT: ¿Cuál ha sido para ti el trabajo más difícil?
CB: El del País Vasco, Sin duda. No por la problemática que ha arrastrado, que ha sido muy espectacular y muy sorprendente. Pero no ha sido nada comparado con lo que ha supuesto hacer un trabajo sobre un conflicto tan sucio y que sucede en el lugar donde vivo. Siempre, y cada vez más, he sentido atracción por contar cosas que suceden dentro de mi ámbito cotidiano, historias cercanas tanto geográficamente como emocionalmente, que me permitan tener un acceso inmediato e involucrarme como fotógrafo.
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Con este trabajo he tenido problemas de todo tipo, especialmente problemas éticos. Desde el principio, me han asaltado muchas preguntas: ¿desde donde lo fotografío?, ¿qué quiero contar?, ¿como lo cuento?, ¿con quien negocio?, ¿como se leen esas fotos?. Me ha sido muy difícil comportarme como fotoperiodista, realmente muy difícil.

NKT: ¿A donde quieres llegar con tu trabajo?
CB: A ningún sitio- Clemente ríe con ganas- Cada vez lo veo de un modo más natural. Creo que es más que suficiente con haber tenido la oportunidad de mirar de una forma detenida estas historias.

NKT: A raíz de tu exposición en el Museo Guggenheim, el clima preelectoral te ha convertido en víctima de un vil atropello. Parece que, de la misma forma que los periodistas son a veces víctimas de los conflictos de los que intentan dar testimonio, has sido el blanco de la instrumentalización política del conflicto vasco, a raíz tu exposición en el Museo Guggenheim de Bilbao. ¿Cuales son tus impresiones ahora que se ha cerrado la polémica?
CB: Por una parte creo que es un ataque político, totalmente al margen de las fotografías, no dirigido contra mi, sino que ha sido una batalla política, pura y dura. Los que han provocado este conflicto han hecho un ejercicio de totalitarismo, han intentado ejercer la censura de manera clásica.

Por otra parte hay una reflexión muy interesante sobre la lectura de las imágenes, que lamentablemente ha quedado tapada por el conflicto político que se ha generado.

El problema de lectura de imágenes está ahí, pero creo que los que han creado este conflicto no se han fijado en ellas. ¿Qué pasa con este tipo de imágenes sencillas, fotoperiodísticas?, ¿Como se leen doce imágenes sobre el conflicto Vasco, hechas por una persona que vive ahí, en un espacio tan imponente como es el Museo Guggenheim?.
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NKT: Esta actitud de disparar al mensajero, metáfora, o no, a la que os tenéis que enfrentar los fotoperiodistas, ¿Está suponiendo un cambio en la manera de trabajar de los profesionales?
CB: Habrá una selección natural, siempre habrá personas dispuestas a ser fotógrafos incómodos y a correr riesgos
Se trabaja con un material muy salvaje, muy poco controlable, del que se pueden hacer muchas lecturas distintas. Por esta razón la censura sobre las imágenes fotográficas existe y existirá siempre. A pesar de todo, yo creo que es la obligación del periodista negociar y frecuentar esos lugares para arrojar luz sobre determinadas historias.

Es la visión sesgada lo que levanta sospechas. Siempre negocias y pactas las fotos. Paolo Pellegrini, puede pactar con Hamas unas fotografías, aunque sea una organización terrorista, porque él es extranjero y su presencia no resulta sospechosa.

En mi caso y en relación al trabajo sobre el País Vasco, todo ha quedado en polémica pero, Bilal Hussein, fotógrafo iraquí empleado en una importante agencia norteamericana y ganador del Pulitzer, lleva casi 2 años en la cárcel sin cargos y hay pocas posibilidades de que lo dejen en libertad. Llegar el primero y fotografiar los ataques de la insurgencia en Irak lo ha convertido en sospechoso.

Yo creo que tenemos derecho a mirar a nuestro alrededor. Que el conflicto esté en nuestra misma puerta no significa que solo puedan fotografiarlo los periodistas extranjeros. Yo quiero ejercer ese derecho.

NKT: ¿Qué cambios ha comportado la evolución tecnológica de la fotografía hacia lo digital?.
CB: Para mi ha supuesto un cambio fundamental. Hoy ya no se puede fotografiar como antes de lo digital. Dejando de lado el aspecto técnico, creo que ya no se puede mirar el mundo como antes.
Ha cambiado, y nos tendremos que acostumbrar.

Se trata de contar historias y la herramienta puesta a nuestro alcance es extraordinaria, no se si seremos capaces de sacarle todo el partido. Serán las nuevas generaciones las que adoptarán plenamente este nuevo lenguaje.

Hasta ahora la fotografía tenia una serie de limitaciones para ser difundida, la publico en una revista , en un libro. La revolución digital nos cambiará la vida.
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