NKT: Y como espectador, ¿Que es lo que le interesa?
MU: Me interesa especialmente el reportaje fotográfico. Creo que en un una época en la que se cuestiona la validez y la necesidad del reportaje, resulta una herramienta extremadamente útil para denunciar las injusticias y desigualdades que no siempre queremos ver.
La fotografía de autor contemporánea, la que podemos ver en grandes museos y prestigiosas galerías, con piezas que se venden a precios desorbitados, cada vez me interesa menos. Por suerte (o por desgracia, ya no lo sé) la fotografía ha entrado por la puerta grande en el mercado del arte. Ello comporta que la fotografía de creación está más pendiente de las modas, de las dictaduras de los comisarios, de los caprichos de coleccionistas y editores, de las operaciones de marketing y de un amplio conjunto de aspectos que nada tienen que ver con la creación honesta de un autor.
Para resumirlo: estoy harto de “modernikis” y “artistas plásticos” que nos toman por tontos, que quieren hacernos creer que su producción (mucha veces escandalosamente mediocre, pero en grandes formatos) es arte porque acompañan el trabajo con una gran justificación teórica.
NKT: ¿Esta crítica feroz al mercadeo del arte podría aplicarse al fotoperiodismo, ahora que también ha entrado en las galerías?
Algunos fotoperiodistas muestran y venden sus trabajos en grandes formatos, e incluso los publican en lujosos, y caros, libros de autor. ¿Dónde situaría la frontera ética como espectador?
MU: Cada uno es muy libre de hacer con su trabajo lo que considere más oportuno. Si lo más oportuno consiste en vender como arte una fotografía que habla de las desgracias y sufrimientos de los seres humanos, que además ha sido tomada para denunciar una determinada situación, y que su objetivo era ser publicada en un medio de comunicación (lo más masivo posible), que no cuenten conmigo ni con mi complicidad en este juego. Me ofenden los coffee table books (libros de lujo para que queden “bonitos” en la mesita frente al sofá) de fotografías de desgracias humanas.
Entiendo que la obra personal es aquella que sale de lo más íntimo y privado del autor y que éste es capaz de convertirla en algo colectivo. El fotoperiodismo no parte de estas premisas; como género tiene otros objetivos. Creo que el mejor lugar para las fotografías de reportaje es aquel que más difusión puedan tener con el fin de que lleguen a denunciar, movilizar y remover conciencias. Con las ventajas de la red, no deberían existir excusas para no dar difusión a trabajos comprometidos y que nos confronten con realidades poco amables que preferimos no ver. Una galería no está pensada para cumplir esta función, como tampoco está pensada la fotografía de denuncia para ser colgada de una pared como “obra de arte”.
El sistema está pervertido. Los departamentos de marketing están interviniendo de forma directa en la decisión de los contenidos de los medios impresos. No quieren, por ejemplo, que una fotografía de decenas de inmigrantes moribundos en una patera aparezca junto a un anuncio de un flamante reloj o de un automóvil de lujo. Que los medios no quieran publicar estas fotografías me parece grave, pero que estas imágenes se vendan como “arte” en galerías y museos, me parece perverso.
NKT: Otra faceta suya representada en su obra gráfica son sus experiencias en sus numerosos viajes por África. ¿Cabe el calificativo de fotografía de viajes en esta parte de su trabajo?
MU: Las fotografías que he realizado en mis viajes no son “fotografía de viajes”, al menos tal y como se entiende este término en el mundo editorial. Casi siempre han sido viajes pensados para fotografiar y disfrutar de las vivencias, en oposición a la actitud de aprovechar el viaje para hacer fotografías. Han sido viajes en los que tenía fecha de partida y de regreso, pero nada programado para la estancia y el recorrido por el país. Es por ello que las distintas colecciones de África no tienen un hilo conductor claro, sólo mi mirada.
NKT: Desde su perspectiva, como profesor y responsable de una prestigiosa escuela de fotografía, cómo esta viviendo los cambios que ha supuesto la implantación de la fotografía digital.
MU: La fotografía digital ha sido una auténtica revolución en nuestro oficio. Quizá nos falta perspectiva, pero creo que, por su dimensión, ha significado uno de los cambios más importantes desde que se inventó el medio. En
IDEP incorporamos la fotografía digital hace unos 12 años y hemos ido avanzando al mismo ritmo que lo ha hecho la industria. Sin embargo ello no quiere decir que yo, personalmente, esté encantado con las formas que ha utilizado la industria. Creo que esta carrera desenfrenada hacia los mega píxeles ha comportado que se lancen al mercado equipos de calidad muy dudosa, por no decir auténticos fraudes.
Otro aspecto que me parece escandaloso es que inversiones de miles de euros sólo tengan una vigencia (con suerte) de tres años. Los cambios de sistema operativo, los
firmware de las cámaras, los cambios de tamaño de los sensores, las ópticas
DX y FX y un largo etcétera, hacen que los consumidores y profesionales estemos en las manos de una industria que, para poder mantenerse, nos obliga a constantes cambios. Si lo que ocurre con las cámaras y los ordenadores se diera, por ejemplo, en el sector del automóvil, habría una revolución social.
NKT: ¿Cómo encara estos cambios como fotógrafo?
MU: Igual que otros muchos profesionales, pero yo tengo la suerte de trabajar en
IDEP, una institución dedicada a la enseñanza, y ello me obliga a estar al día en el terreno tecnológico, pero no tengo ninguna presión en este sentido en mi obra personal. De momento alterno la fotografía digital en las clases con el trabajo en película de medio formato en mi obra personal. Quizá dentro de un tiempo no tendré opción y entonces trabajaré con lo que tenga más a mano.
Si bien es cierto que la fotografía digital ha cambiado muchas cosas, yo sigo haciendo las fotografías igual que las hacía antes: en mi cabeza. Si trabajo en digital o analógico sólo me cambia la postproducción que tengo que aplicar.
NKT: Háblenos de este nuevo proyecto pedagógico, los primeros estudios universitarios de fotografía en España. ¿Qué le ha motivado a impulsar este proyecto?
MU: La convicción de que en España eran necesarios unos estudios que, además de otorgar un título universitario, facilitaran la formación de profesionales en el campo de la imagen que estén preparados no sólo para trabajar detrás de la cámara, sino también que sean capaces de trabajar como comisarios de exposiciones, críticos, gestores culturales, directores de arte fotográfico en publicidad, etc.
Los primeros intentos de poner en marcha el proyecto datan de 1994, pero hasta que no se han dado las circunstancias adecuadas no ha sido posible concretarlo.
Para elaborar el plan de estudios hemos realizado una importante búsqueda y análisis de lo que se hace en EEUU, Reino Unido, Francia y Alemania en este nivel. No hemos inventado nada, pero tenemos un plan de estudios novedoso, moderno y con unas expectativas que, de momento, nadie más está en condiciones de ofrecer.
NKT: Unos estudios de estas características requerirán de un sólido equipo de colaboradores. ¿Cómo son los profesores que integran el equipo docente?
MU: Sin duda, el pilar básico son los docentes y, por descontado, una buena coordinación de estudios, que en este caso corre a cargo de
Luca Pagliari, quien ha tenido un papel destacado en la creación del plan de estudios. El perfil de los docentes es muy variado y de altísimo nivel. Lógicamente tenemos a fotógrafos puros como docentes, pero el equipo se completa con profesionales que cubren las humanidades, la historia, el arte, el comisariado de exposiciones, la filosofía, la antropología, el lenguaje audiovisual, la expresión oral y escrita…Para aquellos que no tienen un buen dominio del inglés también se imparten clases de idioma, ya que en el segundo curso alguna asignatura se desarrolla en esta lengua.
NKT: ¿Cual cree que debería ser, a partir de ahora, el perfil de los nuevos profesionales de la imagen?
MU: No habrá un perfil definido, precisamente porqué la profesión ha cambiado. Se han cerrado algunas puertas, pero se han abierto una infinidad de opciones que hace unos años no podíamos ni imaginar.
Si los futuros profesionales son personas formadas cultural e intelectualmente, podrán aportar soluciones y criterio a sus trabajos. Los técnicos siempre tendrán su espacio, pero los que además sean capaces de aportar criterio tendrán muchas más opciones.
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