A la semana siguiente tuve la oportunidad de probar el Nikkor AF-S VR 200 mm f2 con el teleconvertidor 1.7X con una galerna que azotó el Cantábrico durante casi cuatro días con olas de 10 metros y vientos de más de 150 Km./h.
Una vez más el enfoque soberbio, incluso con el teleconvertidor y la estanqueidad de la cámara probada.
El salitre no afectó a su funcionamiento en ningún momento y la lluvia tampoco.
El paso de la borrasca no trajo buen tiempo y a unos días de lluvia, siguieron otros de fuertes nevadas que me permitieron comprobar que la latitud de exposición de esta cámara es también muy superior a la que me ofrecía la Nikon D3 o cualquier otra cámara que hubiera probado antes.
La gama de blancos y grises que obtuve en los paisajes nevados fue tremenda y la temperatura de color que obtuve en todos los casos fue muy precisa incluso trabajando en plena sombra.
La temperatura a la que sometí la cámara esos días fue de -3º C, con una humedad muy alta.
Durante buena parte del día llegó a tener encima un par de centímetros de nieve pero respondió perfectamente a la intemperie y no me dio ningún problema hasta el momento que llegué a mi casa donde se empañó el interior del pentaprisma por el cambio tan drástico de temperatura y al igual le ocurría a la Nikon D3 por el visor no se veía nada absolutamente.
Algo lógico, pero si el pentaprisma se pudiera quitar como en las antiguas F3, F4 y F5 eso se solucionaría fácilmente. Ahora, al no poder hacerlo la cámara nos queda inservible durante 5 o 6 horas hasta que esa condensación desaparece por si sola.