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Baskerville

Galen Rowell. Trece años después.

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El texto que sigue fue, originalmente, un artículo escrito hace año y medio para una revista de fotografía que no llegó a tomar forma. Me daba no sé qué dejarlo muerto de asco dentro del disco duro, así que aquí lo tenéis. Lo he modificado un poco para su publicación en el Glorious. Espero que os guste.

 

 

 

                                                                               “Una imagen no comienza en la cámara. Termina en ella”.
                                                                                National Geographic Photographer’s Field Guide.

 

 

 

GALEN ROWELL. TRECE AÑOS DESPUÉS.

 

Para los amantes de la fotografía en general, y para los de la fotografía de naturaleza en particular, el 11 de Agosto de 2.002 fue un mal día, un día de ésos que uno no querría tener que recordar. Ese día murió uno de los grandes de la fotografía. El 11 de agosto de 2.002, en un accidente de aviación y junto a Bárbara, su mujer, murió Galen Rowell.

 

Su nombre es familiar para los amantes de la fotografía de paisajes, ya que es mucho lo escrito y fotografiado por este californiano nacido en 1.940, que combinó la fotografía con la escalada, que protagonizó numerosas primeras ascensiones en montañas del mundo, que trabajó para revistas tan emblemáticas como National Geographic y Outdoor Photographer y que diseñó, junto a la empresa Sigh-Ray, un sistema de filtros neutros degradados que aún se vende con su nombre y que se han convertido en un estándar de calidad a la hora de fotografiar escenas naturales con mucho contraste. Son, como decimos, muchos los practicantes de la fotografía de naturaleza que sitúan su nombre en la fotografía. Sin embargo, son bastantes menos los que conocen su obra con cierta profundidad, los que conocen sus libros y artículos, tan interesantes por sus textos como por las extraordinarias fotografías de las que Rowell es autor, muchas de las cuales se han hecho tan conocidas con el paso del tiempo que son ahora clásicos de la fotografía de paisajes. Su aportación a la fotografía tiene un peso considerable en la forma de miles de imágenes, pero además toma la forma, extraordinariamente útil, de numerosos textos, por desgracia a veces algo difíciles de encontrar. Una de las más interesantes entre ellas quizás sea lo que denominaba paisaje dinámico, que con el tiempo se convertiría en una especie de eje sobre el que pivotaría toda su obra fotográfica. Rowell explicaba el concepto de paisaje dinámico como una forma de fotografía que combinaba “una visión personal con espléndidos eventos naturales. El resultado son imágenes que describen los paisajes no sólo como escenas naturales reconocibles, sino también como lo que parecen ser momentos irrepetibles que evocan fuertes emociones” (1).

 

 

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No obstante, la más importante de las aportaciones de Rowell a la fotografía de naturaleza es, seguramente, su visión personal, su integridad a la hora de concebirla, plantearla y llevarla a cabo. “A menos que un paisaje se conciba como una abstracción, tiene que estar absolutamente arraigado en la integridad de su estado natural” –escribió-. “Tradicionalmente la fotografía ha llevado consigo una etiqueta de verdad. Hoy día esta cualidad peligra por culpa de unos medios cada vez más sofisticados de manipulación de imágenes”. Sabía, por experiencia propia, que para conseguir fotografías espectaculares lo más importante era la conjunción de pericia técnica, visión personal y luz, y con esos elementos trabajó en todo momento, evitando otros. No menos importante es su capacidad para transmitirla, para hacer llegar al lector o al espectador la conexión de las imágenes con los sucesos naturales de que partían: “Quiero que los motivos de mis fotos formen parte de una auténtica experiencia y no de un escenario creado para la cámara o hallado fuera de contexto […]. Reconozco que algunas de mis fotografías pueden parecer irreales a las personas que no han experimentado los múltiples matices de la luz de la montaña, pero todas ellas corresponden a acontecimientos naturales. Estos intensos momentos de la experiencia en montaña, que arderían por sí mismos en mi memoria aunque no hubiera tenido una cámara a mano, son los que quiero plasmar en la película”.

 

 

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Así, las fotografías de Galen Rowell son, en su mayoría, inconfundibles, indentificables cuando se conocen su estilo y su sello. Son únicas. Poseen, en definitiva, eso que se ha vuelto tan difícil de encontrar entre los millones de imágenes que saturan la red, los foros, los blogs y las páginas web de tantos fotógrafos: un carácter que las haga diferentes y personales. Cualquiera de nosotros puede pasar unas horas visitando páginas como Photo.net para encontrarse con cientos o miles de fotografías de paisajes hechas todas de la misma manera, con las mismas técnicas de proceso, con los mismos ángulos de toma y las mismas luces informatizadas y marcianas, cuando no directamente falsas. Sin embargo, las fotografías de Galen Rowell son una muestra del resultado que sólo puede producir la unión de técnica, visión personal y compromiso. Su carácter único era resultado de su forma de involucrarse él mismo en el proceso de toma, de concebirlas como parte de las experiencias que vivía en la naturaleza en general y en la montaña en particular. Consideraba al paisaje parte de la aventura en la montaña y viceversa, pero sobre todo sentía la fotografía como parte de la experiencia personal, inseparable de sus vivencias en la montaña. Un vistazo superficial a su obra podría llevar a la conclusión rápida y fácil, pero también equivocada, de que sus fotografías eran producto de unas excepcionales capacidades físicas unidas a la posibilidad de encontrarse en lugares del planeta difícilmente accesibles a las personas "normales”. Puso especial cuidado en explicar que muchas de sus mejores fotografías poco tenían que ver con la aptitud física o con viajes exóticos, ya que muchas de ellas estaban hechas desde  puntos fácil y perfectamente accesibles para cualquiera en un vehículo o caminando un corto trecho.

 

 

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En los libros de Rowell, la explicación de las fotografías está muchas veces en los textos que las acompañan, pero no solamente en la descripción de los aspectos técnicos necesarios para llevar a cabo la toma, de los fenómenos naturales que producían las luces que capturaba con la cámara o en el relato de la expedición o la escalada que estuviera llevando a cabo en ese momento. Hijo de un profesor y de una concertista de violoncello, Rowell estuvo desde niño en contacto con artistas, profesores y científicos, y establece en sus fotografías conexiones con otras disciplinas del arte, como la música, la pintura o incluso la escultura, con los mecanismos psicológicos y mentales que rigen, afectan o alteran nuestra percepción del mundo o con los procesos que originan los sucesos de la naturaleza. La lectura de sus libros, de los que Mountain Light es el mejor ejemplo, es un viaje fascinante por todos esos aspectos que Rowell consideraba, con razón, conectados con la fotografía a través de las experiencias personales del fotógrafo. Las fotografías de Galen Rowell no sólo pueden verse, sino que también pueden leerse.

 

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En el aspecto técnico, sus fotografías pueden ser consideradas como toda una lección de humildad. Sin duda sorprendería a muchos la sencillez del equipo con el tomó muchas de sus mejores fotografías, sobre todo teniendo en cuenta que la fotografía ha evolucionado –quizás sería mejor decir que se ha degradado- hasta llegar al punto actual, en el que se consideran “imprescindibles” equipos fotográficos que hasta hace poco eran sólo cosa de profesionales, y donde la imagen más sencilla técnicamente se considera a menudo infactible si no es utilizando cámaras y objetivos de prestaciones estratosféricas y precios prohibitivos. Comprometido con una visión honesta de la fotografía, Rowell rechazaba los filtros y objetivos que alterasen su percepción de lo que estaba viendo, y en lugar de utilizarlos buscaba las condiciones naturales y las leyes ópticas que, conocidas y comprendidas debidamente, le permitieran obtener las imágenes que plasmasen su visión personal, su registro de los magníficos fenómenos naturales de los que era espectador.

 

 

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Hoy en día, trece años después de su muerte y en plena era Internet, la fotografía es algo en lo que la palabra “obsoleto” se emplea de una manera tan ligera como inexacta, en que se habla de las cámaras de película como “cámaras antiguas” y de las películas para diapositiva como algo muerto, sobre todo por personas que nunca han utilizado en serio ni las unas ni las otras. Podría considerarse, ya que realizó la práctica totalidad de su trabajo con película, que la obra de Rowell está superada y que poco puede aportar a los métodos fotográficos actuales, habida cuenta que con los medios y cámaras modernas pueden conseguirse mejores resultados y que las posibilidades en el tratamiento de la imagen permiten fotografías impensables hace quince o veinte años. Y puede que así sea, pero sería una consideración errónea, porque cuando Galen Rowell hizo sus mejores fotografías hacía falta algo que ahora parece olvidado, pero que sigue siendo imprescindible para llevar a cabo un trabajo fotográfico de interés y calidad: talento, técnica y visión personal. Eso no ha cambiado en absoluto, pese a todas las voces en sentido contrario y pese a que con las cámaras actuales es más difícil hacer una foto técnicamente incorrecta que una correcta. Buena parte de sus técnicas y métodos son perfectamente aplicables hoy, a pesar de todos los avances en equipo y al cambio digital. Como él mismo escribió en 1.994: “Los recientes cambios en cuanto a películas y equipo para fotografía de exteriores no han afectado al proceso básico de la realización de buenas fotografías más de lo que los progresos en el material para actividades de aire libre hayan podido alterar la experiencia de recorrer sendas o escalar montañas. En el mejor de los casos, dichos cambios proporcionan comodidad, estilo, facilidad de manejo y adaptabilidad a situaciones que antes resultaban sutiles. Y en el peor de los casos, añaden peso, coste y un desconcertante despliegue de opciones generalmente innecesarias”. Estas palabras, citadas en cualquiera de los innumerables foros de fotografía que hay en Internet, provocarían probablemente una cascada de réplicas en sentido contrario. Algunas, seguramente, incluso airadas. Pero no por ello dejarían de ser ciertas, pues sólo hay que asomarse un poco por alguno de dichos foros para comprobar hasta qué punto se identifica en la actualidad, una vez más equivocadamente, equipo con cierta garantía de resultados de calidad.

 

 

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Han pasado trece años desde su muerte, pero las imágenes de Galen Rowell deberían ser de obligado conocimiento para todo aquel que se tome en serio la fotografía de naturaleza, que pretenda conseguir con su trabajo algo más que una simple sucesión de imágenes con impacto. Como en cualquier otra disciplina artística, sería de esperar que cualquiera que se dijera aficionado serio a la fotografía, cualquier clase de fotografía, tuviera si no como modelos, al menos como referencias a los grandes de la clase en cuestión. La realidad, por desgracia, es muy distinta, y son muchísimos los fotógrafos de naturaleza que declaran abiertamente no conocer ni a Rowell ni su obra, cuando es innegable que sus imágenes, sus libros y sus métodos no son sólo una valiosísima fuente de aprendizaje, sino que además permiten una reflexión profunda sobre la validez de muchas de las técnicas actuales, consideradas abiertamente lícitas por los fotógrafos pero que demasiadas veces son, pura y simplemente, alteraciones de la realidad captada por la cámara para conseguir artificialmente lo que se podría conseguir con técnica, visión personal y buena luz.

 

Quizás haya sido inexacto decir que el 11 de Agosto de 2.002 murió uno de los grandes de la fotografía de paisaje. Hubiera sido más exacto decir que ese día murió el mejor de todos.

 

 

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(1) Todas las citas de este artículo pertenecen a “Luces de Montaña”, en la edición española de Ediciones Desnivel, Madrid, 1.995. Traducción de José Fernández-Arroyo de la obra original “Mountain Light”.

 

Web: http://www.mountainlight.com

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El discurso de siempre, nada nuevo bajo el sol. Pero parece que hay que repetirlo constantemente porque mira que la gente es cabezona....todavía el otro día intentando sacar unas fotos de unas nieblas en un valle de Cantabria, un paisano que andaba por allí se me acercó y tras el protocolo campestre oportuno me preguntó que por qué disparaba con esa cámara tan "vieja" de película (la bronica) con lo fácil que es con las modernas...a lo que yo le contesté: ¿y qué más da?. El desconcierto se le subió a la cabeza y ya no volvió a mediar palabra. Dio media vuelta y siguió su camino.

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Muy bueno el reportaje y las fotografías escogidas. A ver si Desnivel tiene a bien reeditar el libro "Luces de Montaña".

 

Un saludo

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El texto que sigue fue, originalmente, un artículo escrito hace año y medio para una revista de fotografía que no llegó a tomar forma. Me daba no sé qué dejarlo muerto de asco dentro del disco duro, así que aquí lo tenéis. Lo he modificado un poco para su publicación en el Glorious. Espero que os guste.

 

 

 

                                                                               “Una imagen no comienza en la cámara. Termina en ella”.

                                                                                National Geographic Photographer’s Field Guide.

 

 

 

GALEN ROWELL. TRECE AÑOS DESPUÉS.

 

Para los amantes de la fotografía en general, y para los de la fotografía de naturaleza en particular, el 11 de Agosto de 2.002 fue un mal día, un día de ésos que uno no querría tener que recordar. Ese día murió uno de los grandes de la fotografía. El 11 de agosto de 2.002, en un accidente de aviación y junto a Bárbara, su mujer, murió Galen Rowell.

 

Su nombre es familiar para los amantes de la fotografía de paisajes, ya que es mucho lo escrito y fotografiado por este californiano nacido en 1.940, que combinó la fotografía con la escalada, que protagonizó numerosas primeras ascensiones en montañas del mundo, que trabajó para revistas tan emblemáticas como National Geographic y Outdoor Photographer y que diseñó, junto a la empresa Sigh-Ray, un sistema de filtros neutros degradados que aún se vende con su nombre y que se han convertido en un estándar de calidad a la hora de fotografiar escenas naturales con mucho contraste. Son, como decimos, muchos los practicantes de la fotografía de naturaleza que sitúan su nombre en la fotografía. Sin embargo, son bastantes menos los que conocen su obra con cierta profundidad, los que conocen sus libros y artículos, tan interesantes por sus textos como por las extraordinarias fotografías de las que Rowell es autor, muchas de las cuales se han hecho tan conocidas con el paso del tiempo que son ahora clásicos de la fotografía de paisajes. Su aportación a la fotografía tiene un peso considerable en la forma de miles de imágenes, pero además toma la forma, extraordinariamente útil, de numerosos textos, por desgracia a veces algo difíciles de encontrar. Una de las más interesantes entre ellas quizás sea lo que denominaba paisaje dinámico, que con el tiempo se convertiría en una especie de eje sobre el que pivotaría toda su obra fotográfica. Rowell explicaba el concepto de paisaje dinámico como una forma de fotografía que combinaba “una visión personal con espléndidos eventos naturales. El resultado son imágenes que describen los paisajes no sólo como escenas naturales reconocibles, sino también como lo que parecen ser momentos irrepetibles que evocan fuertes emociones” (1).

 

 

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No obstante, la más importante de las aportaciones de Rowell a la fotografía de naturaleza es, seguramente, su visión personal, su integridad a la hora de concebirla, plantearla y llevarla a cabo. “A menos que un paisaje se conciba como una abstracción, tiene que estar absolutamente arraigado en la integridad de su estado natural” –escribió-. “Tradicionalmente la fotografía ha llevado consigo una etiqueta de verdad. Hoy día esta cualidad peligra por culpa de unos medios cada vez más sofisticados de manipulación de imágenes”. Sabía, por experiencia propia, que para conseguir fotografías espectaculares lo más importante era la conjunción de pericia técnica, visión personal y luz, y con esos elementos trabajó en todo momento, evitando otros. No menos importante es su capacidad para transmitirla, para hacer llegar al lector o al espectador la conexión de las imágenes con los sucesos naturales de que partían: “Quiero que los motivos de mis fotos formen parte de una auténtica experiencia y no de un escenario creado para la cámara o hallado fuera de contexto […]. Reconozco que algunas de mis fotografías pueden parecer irreales a las personas que no han experimentado los múltiples matices de la luz de la montaña, pero todas ellas corresponden a acontecimientos naturales. Estos intensos momentos de la experiencia en montaña, que arderían por sí mismos en mi memoria aunque no hubiera tenido una cámara a mano, son los que quiero plasmar en la película”.

 

 

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Así, las fotografías de Galen Rowell son, en su mayoría, inconfundibles, indentificables cuando se conocen su estilo y su sello. Son únicas. Poseen, en definitiva, eso que se ha vuelto tan difícil de encontrar entre los millones de imágenes que saturan la red, los foros, los blogs y las páginas web de tantos fotógrafos: un carácter que las haga diferentes y personales. Cualquiera de nosotros puede pasar unas horas visitando páginas como Photo.net para encontrarse con cientos o miles de fotografías de paisajes hechas todas de la misma manera, con las mismas técnicas de proceso, con los mismos ángulos de toma y las mismas luces informatizadas y marcianas, cuando no directamente falsas. Sin embargo, las fotografías de Galen Rowell son una muestra del resultado que sólo puede producir la unión de técnica, visión personal y compromiso. Su carácter único era resultado de su forma de involucrarse él mismo en el proceso de toma, de concebirlas como parte de las experiencias que vivía en la naturaleza en general y en la montaña en particular. Consideraba al paisaje parte de la aventura en la montaña y viceversa, pero sobre todo sentía la fotografía como parte de la experiencia personal, inseparable de sus vivencias en la montaña. Un vistazo superficial a su obra podría llevar a la conclusión rápida y fácil, pero también equivocada, de que sus fotografías eran producto de unas excepcionales capacidades físicas unidas a la posibilidad de encontrarse en lugares del planeta difícilmente accesibles a las personas "normales”. Puso especial cuidado en explicar que muchas de sus mejores fotografías poco tenían que ver con la aptitud física o con viajes exóticos, ya que muchas de ellas estaban hechas desde  puntos fácil y perfectamente accesibles para cualquiera en un vehículo o caminando un corto trecho.

 

 

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En los libros de Rowell, la explicación de las fotografías está muchas veces en los textos que las acompañan, pero no solamente en la descripción de los aspectos técnicos necesarios para llevar a cabo la toma, de los fenómenos naturales que producían las luces que capturaba con la cámara o en el relato de la expedición o la escalada que estuviera llevando a cabo en ese momento. Hijo de un profesor y de una concertista de violoncello, Rowell estuvo desde niño en contacto con artistas, profesores y científicos, y establece en sus fotografías conexiones con otras disciplinas del arte, como la música, la pintura o incluso la escultura, con los mecanismos psicológicos y mentales que rigen, afectan o alteran nuestra percepción del mundo o con los procesos que originan los sucesos de la naturaleza. La lectura de sus libros, de los que Mountain Light es el mejor ejemplo, es un viaje fascinante por todos esos aspectos que Rowell consideraba, con razón, conectados con la fotografía a través de las experiencias personales del fotógrafo. Las fotografías de Galen Rowell no sólo pueden verse, sino que también pueden leerse.

 

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En el aspecto técnico, sus fotografías pueden ser consideradas como toda una lección de humildad. Sin duda sorprendería a muchos la sencillez del equipo con el tomó muchas de sus mejores fotografías, sobre todo teniendo en cuenta que la fotografía ha evolucionado –quizás sería mejor decir que se ha degradado- hasta llegar al punto actual, en el que se consideran “imprescindibles” equipos fotográficos que hasta hace poco eran sólo cosa de profesionales, y donde la imagen más sencilla técnicamente se considera a menudo infactible si no es utilizando cámaras y objetivos de prestaciones estratosféricas y precios prohibitivos. Comprometido con una visión honesta de la fotografía, Rowell rechazaba los filtros y objetivos que alterasen su percepción de lo que estaba viendo, y en lugar de utilizarlos buscaba las condiciones naturales y las leyes ópticas que, conocidas y comprendidas debidamente, le permitieran obtener las imágenes que plasmasen su visión personal, su registro de los magníficos fenómenos naturales de los que era espectador.

 

 

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Hoy en día, trece años después de su muerte y en plena era Internet, la fotografía es algo en lo que la palabra “obsoleto” se emplea de una manera tan ligera como inexacta, en que se habla de las cámaras de película como “cámaras antiguas” y de las películas para diapositiva como algo muerto, sobre todo por personas que nunca han utilizado en serio ni las unas ni las otras. Podría considerarse, ya que realizó la práctica totalidad de su trabajo con película, que la obra de Rowell está superada y que poco puede aportar a los métodos fotográficos actuales, habida cuenta que con los medios y cámaras modernas pueden conseguirse mejores resultados y que las posibilidades en el tratamiento de la imagen permiten fotografías impensables hace quince o veinte años. Y puede que así sea, pero sería una consideración errónea, porque cuando Galen Rowell hizo sus mejores fotografías hacía falta algo que ahora parece olvidado, pero que sigue siendo imprescindible para llevar a cabo un trabajo fotográfico de interés y calidad: talento, técnica y visión personal. Eso no ha cambiado en absoluto, pese a todas las voces en sentido contrario y pese a que con las cámaras actuales es más difícil hacer una foto técnicamente incorrecta que una correcta. Buena parte de sus técnicas y métodos son perfectamente aplicables hoy, a pesar de todos los avances en equipo y al cambio digital. Como él mismo escribió en 1.994: “Los recientes cambios en cuanto a películas y equipo para fotografía de exteriores no han afectado al proceso básico de la realización de buenas fotografías más de lo que los progresos en el material para actividades de aire libre hayan podido alterar la experiencia de recorrer sendas o escalar montañas. En el mejor de los casos, dichos cambios proporcionan comodidad, estilo, facilidad de manejo y adaptabilidad a situaciones que antes resultaban sutiles. Y en el peor de los casos, añaden peso, coste y un desconcertante despliegue de opciones generalmente innecesarias”. Estas palabras, citadas en cualquiera de los innumerables foros de fotografía que hay en Internet, provocarían probablemente una cascada de réplicas en sentido contrario. Algunas, seguramente, incluso airadas. Pero no por ello dejarían de ser ciertas, pues sólo hay que asomarse un poco por alguno de dichos foros para comprobar hasta qué punto se identifica en la actualidad, una vez más equivocadamente, equipo con cierta garantía de resultados de calidad.

 

 

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Han pasado trece años desde su muerte, pero las imágenes de Galen Rowell deberían ser de obligado conocimiento para todo aquel que se tome en serio la fotografía de naturaleza, que pretenda conseguir con su trabajo algo más que una simple sucesión de imágenes con impacto. Como en cualquier otra disciplina artística, sería de esperar que cualquiera que se dijera aficionado serio a la fotografía, cualquier clase de fotografía, tuviera si no como modelos, al menos como referencias a los grandes de la clase en cuestión. La realidad, por desgracia, es muy distinta, y son muchísimos los fotógrafos de naturaleza que declaran abiertamente no conocer ni a Rowell ni su obra, cuando es innegable que sus imágenes, sus libros y sus métodos no son sólo una valiosísima fuente de aprendizaje, sino que además permiten una reflexión profunda sobre la validez de muchas de las técnicas actuales, consideradas abiertamente lícitas por los fotógrafos pero que demasiadas veces son, pura y simplemente, alteraciones de la realidad captada por la cámara para conseguir artificialmente lo que se podría conseguir con técnica, visión personal y buena luz.

 

Quizás haya sido inexacto decir que el 11 de Agosto de 2.002 murió uno de los grandes de la fotografía de paisaje. Hubiera sido más exacto decir que ese día murió el mejor de todos.

 

 

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(1) Todas las citas de este artículo pertenecen a “Luces de Montaña”, en la edición española de Ediciones Desnivel, Madrid, 1.995. Traducción de José Fernández-Arroyo de la obra original “Mountain Light”.

 

Web: http://www.mountainlight.com

Excelente artículo. Muchas gracias por acercarnos a este fotógrafo de una manera tan especial. Sin duda no debía quedarse en el ordenador. Un abrazo.

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Muchas gracias por el aporte, Basker. Disfruté muchísimo leyéndolo, así como disfrute con el "Galen Rowell's inner game of outdoor photography" y el "Poles apart", que forman parte de mi colección. El último, por cierto, me costó tan solo una libra más gastos de envío, edición en tapa dura. Un abrazo

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Ayer comentaba con mi esposa respecto a ese recientemente fenecido filántropo que disfrazado de Batman, iba en su veloz lamborghini tuneado, a repartir obsequios y una palabra de afecto a los niños con cáncer, ¿por qué los buenos se van?, ¿por qué?, ¿Será que ahora acompañan en su camino a todos los que los necesitan?

 

No entiendo

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Sin duda uno de mis tres fotografos preferidos, por tecnica, sensibilidad y sobre todo actitud a la hora de plantear la fotografia.

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 Gracias por compartirlo (y escribirlo...), mi cultura fotográfica es muy pobre y ni habia oido hablar de el...pero viendo lo poco que he visto de su obra googleando... encantado de conocerlo...

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Julio abriendo post, Teresa comentando... ¡¡¡¡mi máquina del tiempo funciona!!!!  :lol:  :lol:

Mmmm, ¿tú quién eres? ¿Y de qué nos conoces?

 

 

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Julio abriendo post, Teresa comentando... ¡¡¡¡mi máquina del tiempo funciona!!!!  :lol:  :lol:

Mmmm, ¿tú quién eres? ¿Y de qué nos conoces?

 

 

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Muy buen artículo.

 

Me ha gustado, sobre todo por ser sobre quién es, y por lo que Galen Rowell ha supuesto para muchos fotografos de naturaleza. Bueno, por lo menos para mí. Un referente, técnicamente, y sobre todo por su coherencia y su modo de entender la fotografía. Yo compré el libro al poco de salir, y sigue ocupando un lugar destacado. No pocas veces le abro y leo fragmentos al azar, y sigue siendo un libro perfectamente moderno y actual.

 

Un saludo

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