En los acantilados y pedreras del Cabo Peñas, las migraciones de final de verano traen visitantes discretos pero muy especiales. Entre ellos, la collalba gris (Oenanthe oenanthe), un ave viajera incansable que se detiene unos días en nuestra costa antes de continuar su ruta hacia África.
De aspecto elegante, con su ceja clara y su plumaje pardo-grisáceo, la collalba se mueve inquieta entre rocas y praderas abiertas. Lo más sorprendente de esta pequeña ave insectívora es su increíble viaje migratorio: algunas poblaciones recorren más de 15.000 km, cruzando mares, desiertos y montañas, un verdadero prodigio de resistencia en apenas 25 gramos de vida.
Cada observación en paso migratorio es un recordatorio del puente invisible que une la península con África, y de la fuerza que tienen incluso los seres más frágiles cuando siguen su instinto natural.
Nikon Z 9
NIKKOR Z 180-600 mm f/5.6 -6.3 VR
ƒ/7.1
600 mm
1/1000
ISO 2200
Z9_HMG©_05092025-5 by Héctor Martín, en Flickr
Salud.