Raskolnikov3 Publicado 26 de Abril de 2009 Compartir Publicado 26 de Abril de 2009 Visto lo visto, dejadme compartir con vosotros otro posible punto de vista, a ver si con ello conseguimos desbloquear posiciones tan encontradas o por lo menos dar que pensar. Además los que me habeis conocido en la KDD, aunque sea poco, sabeis que soy totalmente neutral. Verdad Vs Verdades El foro no se puede defender con el rigor con el que se defiende algo que se considera propio, sino más bien con la suavidad y la cautela, con la que intentamos expresarnos quienes somos conscientes de que este foro no nos pertenece y que es un vehículo que nos ofrece A TODOS la posibilidad de encuentro y de influencia mutua. Por favor, no caigamos en la arena de la confrontación estéril, evitando perder al calma y sucumbir a ese vértigo por los derechos sin obligaciones que son frutos inmaduros de la “cultura de la queja” a la que nos venimos acostumbrando. Yo os pediría un cambio de tono, de la aspereza a la suavidad, A TODOS aquellos opinantes apasionados por la defensa de unos valores que consideran atacados o despreciados. Cuando digo aspereza quiero decir lo que todos entendemos por decir las verdades que según el Diccionario de la Academia significa “decir sin rebozo ni miramiento alguno cosas que amarguen”. Como se ve, decir las verdades no es lo mismo que decir la verdad. Decir las verdades será siempre una conducta popular: todos aplauden al que dice las verdades. Y le aplauden porque no todo el mundo se atreve a decir las cosas como el/ella las dice: no como son, sino como duelen. Pero las cosas duelen, a veces, no porque sean como son, sino porque se acepta que sean o hayan venido a ser así. Duelen porque nos hemos acostumbrado a una forma común de verlas, sin tomarnos la molestia de preguntarles a los demás – a la generación siguiente sobre todo – si las seguían viendo como nosotros o no. Y cuando alguien nos grita – como quien nos teme o nos desprecia – que el/ella no las ve como nosotros, le declaramos culpable de su propia visión, esto es, de nuestra propia ceguera. Entre la conversación y el diálogo Conversar en el café, en el foro o en la tertulia radiofónica de moda, no es más que dar vueltas a lo mismo con otros; decir lo que el otro espera oír, oír lo que el otro presumimos que nos va a decir, intercambiar versiones más o menos elaboradas de algunas verdades fundamentales en las que todos creemos y olvidar el resto como si no tuviera importancia. La libertad de expresión en una cultura democrática se reduce muchas veces a la libertad de conversación: más de lo mismo. Pero la libertad de conversación es una libertad aburrida y efímera. Necesita, por eso, mucha pasión y un poco de frivolidad para dársenos, al menos, como entretenimiento. El DIALOGO, en cambio, encarna la madurez de la libertad. El diálogo, es apertura al diferente más que apertura a la discrepancia: derecho a discrepar, deber de escuchar. En un diálogo, cada intervención trae a la luz una cuestión abierta, una cuestión nunca enteramente iluminada...Por eso el DIALOGO mismo queda siempre abierto: por él discurre el río inquietante de la inquietud humana. No podemos hundirnos en el tedio de una conversación sin sorpresas con los contertulios de siempre, debemos abrirnos al DIALOGO. La esperanza que muchos, sino TODOS, tenemos en el futuro de este foro, no puede ceder su terreno a la queja, que es siempre un síntoma de desesperanza. En la desesperanza lo que se nos dá es una especie de esperanza invertida en su naturaleza: una esperanza prendida en el pasado y no en su término natural que es el futuro. Lo que, en el fondo, ya no esperamos poder creer que lo hemos perdido, o que se nos ha arrebatado. Lo que en realidad nunca hemos tenido podemos hacernos la ilusión de que alguna vez lo tuvimos. Tal vez lo que nos pasa, es que el futuro al que la esperanza nos abre es siempre “lo otro”, lo que, por ser diferente nos inquieta, como todo lo desconocido. Y quizás por eso todos podemos sentir la tentación de aferrarnos al presente, convirtiéndolo así en un presente indefinido que ha empezado a ser pasado desde hace tiempo sin darnos cuenta nosotros de ello. Para conseguir un DIALOGO sincero hay que respetar al diferente, hay que ponerse en el lugar del otro, pero para ello hay que dejar el propio lugar y esto entraña una renuncia tácita a cualquier pretensión. Lo que tenemos que hacer es oír y conocer TODAS las voces, aún las más alejadas, porque la verdad es más grande que las verdades. La verdad es capaz de discernir y acoger todas las verdades concretas, todas esas verdades que si se dicen con amargura, es porque participan de alguna ambigüedad o de alguna desesperanza. No nos dejemos influenciar por una cultura de la palabra como arma de combate y sigamos expresándonos TODOS con palabras dichas con sentido y con respeto, especialmente respetando al diferente. PD - Esta parte esta sólo reservada para místicos como Monty :-), o cualquier otro que quiera profundizar en el arte de aprender a dialogar con el diferente.... - PRINCIPIOS BASICOS PARA EL DIALOGO. Del comportamiento y de la Regla de san Francisco se deducen los siguientes principios básicos para el encuentro y el diálogo, en general, y con otras religiones, en particular: 1. Tomar la iniciativa. Francisco no espera que el sultán vaya a su encuentro. Es él quien va al encuentro del sultán. 2. Ser uno mismo. El diálogo es un encuentro entre dos personas. Francisco va al encuentro del sultán en calidad de cristiano. A los hermanos que van a misiones les exige que «se sometan» a los demás, pero también les exige que «se confiesen cristianos». 3. Confiar en el otro. A pesar de todas las advertencias en contra, Francisco atraviesa la línea de la muerte. Confía en Dios y, por tanto, confía en que los hombres tendrán una actitud abierta si uno se comporta con ellos con esa misma actitud de apertura. 4. Arriesgarse. Francisco se arriesga en cuerpo y alma al peligro de la muerte. No tiene nada que perder.. Por eso gana: la amistad del sultán y un regreso con garantías de seguridad. Quien se entrega, se arriesga. 5. Renunciar a las armas y a la autodefensa. En la renuncia a la violencia y en la actitud pacífica está la alternativa a la cruzada. El diálogo no puede triunfar bajo la presión militar o psicológica. 6. Compartir la vida de los hombres. No querer estar por encima de ellos, sino vivir entre ellos y con ellos, compartiendo sus mismas condiciones de vida. 7. Someterse a los demás. Los hermanos no deben querer estar al mismo nivel que los demás, sino buscar siempre, en la medida de lo posible, una situación inferior. 8. Predicar más con la vida que con las palabras. Lo que más le impresionó al sultán no fue la palabra arrebatadora de Francisco, sino su actitud resuelta, libre en relación con las cosas terrenas y pobre. En el encuentro entre religiones, en el que con frecuencia las palabras hieren más que apaciguan, lo principal es el ejemplo de la propia vida, la hospitalidad y acogida, el amor desinteresado. 9. Comprender más que querer ser comprendido. Con su disposición a escuchar, Francisco aprendió incluso de los musulmanes.. Quiso introducir en Occidente su costumbre de postrarse a orar, a la llamada del muecín, pero no encontró ningún eco. El auténtico diálogo no es unilateral, conduce a la conversión recíproca y al mutuo enriquecimiento espiritual. 10. Beber en las fuentes más profundas. Francisco fue hasta el sultán movido «por inspiración divina», y el sultán le pidió: «Ruega por mí, para que Dios se digne revelarme la ley y la fe que más le agrada.» La relación con Dios preserva del autoensalzamiento y del endurecimiento. Quien desea el diálogo, lo busca siempre y en primer lugar con Dios. Ora. Enlace al comentario Compartir en otros sitios web Mas opciones de compartir...
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