Tuve la oportunidad de probarla en una variedad de escenarios, desde situaciones de acción exigente hasta contextos más controlados, como una rueda de prensa.
El resultado ha sido muy positivo: su rendimiento no solo cumplió con las expectativas, sino que en muchos casos las superó. A pesar de no estar específicamente diseñada para fotografía deportiva, la cámara demostró estar a la altura incluso en condiciones en las que otras cámaras de su gama podrían quedarse cortas.
Diseño y ergonomía: comodidad sin concesiones
Una de las primeras impresiones al tenerla en mano es su excelente equilibrio entre tamaño, peso y robustez. La empuñadura es firme y cómoda, lo que facilita largas sesiones sin fatiga, y el cuerpo presenta un acabado sólido, con materiales que transmiten durabilidad.
Controles y personalización
La disposición de los botones es clara y bien pensada, siguiendo la lógica de diseño que caracteriza a Nikon. Para quienes ya están familiarizados con el ecosistema Z o con cámaras réflex de la marca, la curva de aprendizaje será mínima. Además, el nivel de personalización de botones y funciones rápidas permite adaptar la cámara al flujo de trabajo personal de cada usuario, algo esencial para quienes necesitan rapidez y precisión en el terreno.