A propósito de…
Una reciente
entrevista que le hacen a Manel Ubeda en la que repasa como
fotógrafo y docente las inquietudes de la profesión y nuestra formación, merecen como mínimo una reflexión suficiente que nos proyecte hacia los nuevos horizontes que nos anuncia.
En
Barcelona hace treinta años llegó a existir un
Centro Internacional de la Fotografía antes de que en los ambientes culturales de la ciudad existiese un conocimiento y un interés por la fotografía. En otros ambientes, ya fuera el de los aficionados o el de los profesionales, si bien existía interés, faltaba conocimiento. Entonces como ahora, no faltaban conocimientos técnicos.
Lo que faltaba entonces, y es lo que ahora intentamos proyectar a través de múltiples iniciativas, es lo que todo fotógrafo no puede ignorar: que la fotografía es en sí misma, -además de cumplir sus propósitos en infinidad de campos profesionales-, un medio de conocimiento. En otras palabras, un generador y articulador de visión y de consciencia. Para comprender plenamente el alcance del medio fotográfico no es suficiente la formación técnica, por otro lado necesaria, que requeriría unicamente quien estuviese interesado, por ejemplo, en diseñar ópticas de excelente calidad.
Naturalmente la tecnología ha de cumplir lo que promete pero no es el fotógrafo el llamado a prometer en este sentido nada en absoluto. Si así fuera, los fotógrafos estaríamos condenados a servir a la tecnología sin poder servirnos de esta. No es el caso. Para comprobarlo podemos remitirnos a nuestro trabajo.
Si alguna función cumplen unas generaciones con respecto a otras es mostrarnos en la diferencia de sus propuestas las diversas inquietudes que por edad y perspectivas anidan en su espíritu de acuerdo a sus aspiraciones. Si en algo por fortuna se parecen todas las generaciones jóvenes es en el no haber tenido todavía el tiempo necesario para ordenar de un modo u otro sus cabezas. De qué medios disponía un joven de la postguerra y de qué medios dispone un joven actualmente para ordenar su cabeza cuenta en parte pero no lo és todo.
La pregunta es sencilla: ¿cuánto llega a lograrse de aquello que se pretende? La respuesta no la da ni para sí misma ni para el mundo la propia generación y a veces ni tan siquiera la siguiente.
La generación de
Manel Ubeda no se limitó a salir a la luz por sus propios medios sino que además, utilizó sus propios medios para sacar a la luz a otras generaciones de excelentes fotógrafos que por circunstancias conocidas no contaron ni con los medios ni con la posibilidad de hacerlo. Ahora la cuestión radica en ver de qué modo la generación de los más jóvenes encuentra el espacio y el tiempo que sus propuestas necesitan para desplegarse. Es aquí en donde sin necesidad de que se apalanquen unos ni se apoltronen otros puede trabajarse.
Es para terminar esta reflexión en que añado un apunte personal. He hablado de la
generación de Manel Ubeda como si yo no formara parte de ella o quizás incluso de ninguna. Como individuos, tanto nuestros orígenes como nuestros destinos son siempre diversos. Esto no es fruto de independencia alguna sino de la libertad personal.
En otras palabras, algo previo y necesario para asumir un marco de referencias que nos hace interdependientes dentro de una comunidad. En este sentido yo no creo que nadie se deba a su generación ni que unas generaciones se deban a otras. Cada generación se ha de hacer a sí misma con aquello que se encuentra entre manos y cada individuo aporta desde su libertad, no ya el tiempo y el espacio, que como aspectos dados conforman la realidad, sino el aspecto creativo que genera significatividad a lo real.
Entre pretender lo que otros logran y lograr lo que otros pretenden no existen motivos suficientes ni para la
distracción ni para la satisfacción.
Cada cual aprende a ser y a estar atento para poder luego ser y estar agradecido. Compartir así, realidades en las que creemos porque las hemos creado.
Entrevista a Manel Úbeda
Sobre Mariano Zuzunaga