Guillaume Herbaut
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Fecha de publicación:  03/05/2010
Guillaume Herbaut

Veinte años después aún resuenan los ecos del mayor accidente nuclear de la historia. La gente sigue sufriendo, y la zona de Chernóbil permanece devastada. Para Herbaut, fotografiar las secuelas se ha convertido en una obsesión.
Fuente: Nikon Pro
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El 26 de abril de 1986, los ingenieros de la central nuclear de Chernóbil realizaban un experimento que provocó un fallo en el sistema de refrigeración de uno de los cuatro reactores. La posterior explosión química hizo volar por los aires la cubierta del reactor, de 1000 toneladas de peso, dejando escapar residuos altamente radioactivos.

El incendio en el reactor se prolongó durante nueve días, liberando aún más sustancias radioactivas en la atmósfera. El accidente mató de manera inmediata a 31 personas, y muchos de los 600.000 “liquidadores” (voluntarios que limpiaron la zona para evitar una mayor propagación del material radioactivo) enfermaron y murieron durante las dos décadas siguientes.
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En total, cinco millones de personas estuvieron expuestas a unos altos niveles de radiación en Bielorrusia, Ucrania y Rusia. Las estimaciones sobre cuántas personas se verán afectadas e incluso acabarán muriendo como consecuencia del accidente varían enormemente. Sin embargo, nadie puede discutir el gran incremento de los casos de cáncer en las zonas afectadas. La mayoría de los casos corresponden a personas que en el momento del accidente aún eran niños, algunos de ellos incluso fetos todavía en el útero materno.

La evacuación de 350.000 personas de la zona ha destrozado a comunidades con una alta tasa de desempleo debido a la falta de inversión en el territorio, agravando aún más el problema. Por todo ello, es comprensible que la zona presente tasas extremadamente elevadas de encarcelamientos, divorcios y alcoholismo.
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El reportero gráfico francés Guillaume Herbaut lleva visitando esta zona desde 2001. “Chernóbil es una obsesión para mí”, afirma. “Cuando estalló la central yo tenía 16 años y había muy poca información. Para mí era algo misterioso”. En 1999, Herbaut estuvo en Minsk, Bielorrusia, realizando un reportaje sobre una academia militar para niños. Mientras trabajaba en este proyecto, conoció a gente que formó parte de los “liquidadores” voluntarios después de la catástrofe de Chernóbil cuya salud había quedado tocada. “Cuando volví a París, no podía quitarme de la cabeza a aquellas personas que dieron su vida para salvar a Europa, así que decidí viajar a Chernóbil para conocer a las víctimas. Desde entonces, pienso en Chernóbil cada día”.

Su primer libro, Tchernobylyst, es una colección de fotografías, cada una de ellas con un número grabado: es el nivel de radioactividad en el momento de su captura. Ahora está trabajando en su segundo proyecto, una página web documental sobre las personas que viven en la zona de exclusión.

¿Por qué estas personas han decidido vivir allí? “¿Realmente deciden ellos vivir allí?”, pregunta. “A los que han nacido allí les gusta su hogar, aunque sea radioactivo.

La primera vez que estuve allí, en 2001, conocí a un tipo que me dijo que solía pescar en la zona de exclusión. Decía que el pescado era muy bueno y que no era peligroso comerlo. Al año siguiente murió de cáncer”.
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“El pasado mes de noviembre conocimos a una mujer que acudía a la zona de exclusión una vez al mes para visitar a su hija. Caminamos a través del bosque y entramos de manera ilegal en la zona de exclusión. Nos movíamos rápidamente y en silencio, para evitar que nos arrestaran. El paisaje pasó de ser un bosque a lo que parecían las ruinas de un bosque. Vimos también huellas de lobos, lo cual nos obligaba a tener que volver también de día. Hasta que no entramos en el pueblo no accedimos a la carretera. El asfalto estaba agrietado y a lo lejos se veía una estatua de un toro luchando con un hombre desnudo. Parecía una película posapocalíptica”.

“Cuando entras allí, tienes que atravesar un control. Luego, conduces por una larga carretera hasta que llegas a la primera población: Chernóbil. Es una ciudad pequeña que tiene un hostal. Si avanzas con el coche, llegas a la central, lo cual siempre desencadena en mí unas emociones muy fuertes. Por un lado me asusta y hace que odie el lugar; pero por otro lado, me resulta atractivo porque significa que estoy frente a un misterio”.

“Al entrar en la zona de exclusión, sientes como si el tiempo se hubiera detenido. Silencio, miedo, invisibilidad, abandono, el fin de la civilización y de la naturaleza…
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Son palabras y conceptos que me vienen a la mente. Es una sensación muy extraña porque el peligro es invisible. Tengo que repetirme una y otra vez que estoy en un entorno peligroso. Pero el verdadero peligro es que caiga en el olvido. Creo que las mayores amenazas son la comida y el polvo. Por eso no como verduras cuando estoy allí y me protejo cuando sopla el viento”.

La obsesión que tiene Herbaut con Chernóbil puede resultar difícil de comprender para algunas personas. Es como si fuera un trabajo interminable, que no tiene fin.

Las imágenes pueden parecer desesperadas, desoladoras y deprimentes pero sirven como recordatorio necesario de un desastre que durante mucho tiempo ha sido olvidado”.

¿Transmite algún mensaje? Herbaut cree que sí, aunque no sea evidente. “Sin duda", afirma. “Estos proyectos son una forma de decir que no debemos olvidarnos de las víctimas de Chernóbil y que la energía nuclear es peligrosa para nosotros y para las generaciores futuras. Pero eso no es todo. Chernóbil representa la frontera entre dos realidades. Cuando vuelves de allí, tus sentimientos y toda tu forma de ver el mundo cambia.

"Los conceptos de vida y muerte cambian para siempre”.
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Clientes
Revistas como Le Monde Magazine, Paris Match, Elle, America, Mare, L’Expresso.

¿Qué lleva en la bolsa?
A Chernóbil voy ligero de equipaje. Llevo dos cámaras, la D3S y la D3, con un objetivo para cada una: el AF-S NIKKOR 24-70 mm f/2.8 G ED y el AF Nikkor 35mm f/2D.

¿Por qué Nikon?
Solía disparar con una cámara de formato medio 6x7. Mi problema era encontrar una cámara digital que pudiera copiar este formato. Con la D3S de Nikon puedo disparar en modo 5:4, que es muy parecido al 6x7. Al trabajar con un formato medio, estaba acostumbrado a una calidad muy alta y las dos cámaras de Nikon, tanto la D3 como la D3S, resultaron ser perfectas para la fotografía digital, ya que proporcionaban el alto nivel de calidad al que yo estaba acostumbrado.

También me gusta la función de vídeo. Utilizo bastante el vídeo para el proyecto de la página web documental que tengo ahora entre manos. Creo que la combinación de fotografías, sonido, vídeo y texto es muy interesante. Me gusta buscar nuevos estilos narrativos en fotoperiodismo.

Creo que la principal diferencia entre ver una imagen estática y un video es la sensación de tiempo que proporcionan. Para mí, el video simboliza el presente mientras que la fotografía da la sensación de un tiempo pasado o incluso futuro.

¿Próximo elemento para su equipo Nikon?
El AF-S NIKKOR 50mm f/1.4 G


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