El reportero gráfico francés Guillaume Herbaut lleva visitando esta zona desde 2001. “Chernóbil es una obsesión para mí”, afirma. “Cuando estalló la central yo tenía 16 años y había muy poca información. Para mí era algo misterioso”. En 1999, Herbaut estuvo en Minsk, Bielorrusia, realizando un reportaje sobre una academia militar para niños. Mientras trabajaba en este proyecto, conoció a gente que formó parte de los “liquidadores” voluntarios después de la catástrofe de Chernóbil cuya salud había quedado tocada. “Cuando volví a París, no podía quitarme de la cabeza a aquellas personas que dieron su vida para salvar a Europa, así que decidí viajar a Chernóbil para conocer a las víctimas. Desde entonces, pienso en Chernóbil cada día”.
Su primer libro, Tchernobylyst, es una colección de fotografías, cada una de ellas con un número grabado: es el nivel de radioactividad en el momento de su captura. Ahora está trabajando en su segundo proyecto, una página web documental sobre las personas que viven en la zona de exclusión.
¿Por qué estas personas han decidido vivir allí? “¿Realmente deciden ellos vivir allí?”, pregunta. “A los que han nacido allí les gusta su hogar, aunque sea radioactivo.
La primera vez que estuve allí, en 2001, conocí a un tipo que me dijo que solía pescar en la zona de exclusión. Decía que el pescado era muy bueno y que no era peligroso comerlo. Al año siguiente murió de cáncer”.