NKT: La situación del fotoperiodismo en los medios de comunicación no goza de buena salud. ¿Qué futuro les dibujas a tus alumnos, en unos medios dominados por los grandes grupos y las sinergias prensa-publicidad?
SB: Yo distinguiría por un lado el ámbito de la prensa diaria, donde el fotógrafo es una figura en vías de extinción que, en mi opinión, se reconvertirá en un futuro como cámara de video.
Y por otro lado está el reportaje y la figura del fotoperiodista, al que le auguro una larguísima vida. Creo que hay muchísimos temas e infinidad de reportajes por hacer. El mercado está cambiando, pero que hay nuevas vías de difusión, alternativas a los medios impresos, costosas, difíciles, pero existen.
Es evidente que las tareas de los profesionales cambian, cambian las tareas del redactor, como desaparecieron en su momento los linotipistas, estamos ante una evolución natural de la imagen fija a la imagen en movimiento, y no deberíamos verlo como un cambio traumático, sino como una forma natural de evolucionar.
NKY: Como fotoperiodista, ¿qué opinión te merece el hecho de que el fotoperiodismo tenga, cada vez más presencia en galerías y museos, a la vez que pierde peso en los canales de difusión masiva?
SB: Es una de las nuevas vías que comentaba, pero aquí también deberíamos hacer una distinción. Lo que solemos ver en las galerías es fotografía documental, no estoy segura que el fotoperiodismo tenga tanta presencia en las galerías, el coleccionista no quiere llevarse a su colección una imagen que recuerde permanentemente un drama. La fotografía de temática dura y violenta, no creo que realmente tenga salida en las galerías, quizás con algunas pequeñas excepciones. No es nada fácil vender un proyecto como Latidos de un Mundo Convulso a una institución, porque una institución preferirá apostar por un proyecto de mayor difusión y dar una visión más amable del mundo, que enfrentar al espectador a este tipo de dramas. La prueba es que exposiciones como la que hemos hecho nosotros en Caja Madrid hay muy pocas.