Lamentablemente este modo de trabajar, de arrojar luz sobre los aspectos menos visibles, te lleva a tener problemas y sufrir incomprensión, ¿Qué haces fotografiando ahí, donde no hay nadie?, ¿por qué miras ahí?.
En el caso de Malika, esta mirada es más fácil de comprender y de aceptar, pero en mi trabajo sobre el País Vasco esas puertas traseras son tabú. Lo mismo me ocurrió con mi trabajo sobre los huelguistas de hambre en Turquía, en ese caso al ser yo extranjero y un tema totalmente ajeno a mi, esta forma de trabajar era menos sospechosa y por lo tanto menos peligrosa para mi.
En definitiva, me gustan este tipo de historias en cierta medida complicadas, y contarlas además con un instrumento complicado como es la fotografía.
NKT: Contar la historia de Malika es contar la historia de miles de personas que han perdido la vida para llegar a España. ¿Crees que en España nos hemos hecho impermeables a este drama cotidiano?
CB: Yo no creo que estemos anestesiados, ni desde el punto de vista de consideración social del problema, ni tampoco creo que las imágenes nos vuelvan inmunes a estos dramas, jamás he pensado eso. Es más, Susan Sontag, que promovió esta teoría en su famoso libro Ante el dolor de los demás, antes de morir se desdijo completamente de esa teoría, y esa tesis ha funcionado muy bien durante muchos años.
Sí es cierto que en los medios impresos las imágenes son muy efímeras, pero las imágenes periodísticas pueden ser leídas con mucha más profundidad en una sala de exposiciones que en un periódico, a pesar de que también producen reacciones encontradas. Me interesa mucho este enfoque, que unas imágenes concebidas para ser consumidas de forma masiva, sean leídas en una sala de exposiciones con mucha más intensidad.