Ángel López Soto nació en Buenos Aires. Estudió periodismo y publicidad.
Sus
reportajes y retratos lo han llevado a trabajar en una veintena de países de África, Asia y América Latina y a sumergirse en las culturas y geografías más diversas.
Sus trabajos han sido publicado por periódicos y revistas de todo el mundo y han sido merecedores de numerosos premios. De entre todos ellos,
Tíbet, el Éxodo, ha centrado su interés y una buena parte de su vida. Hasta ahora, 11 años de trabajo para dar voz a un conflicto lejano y olvidado, que hoy vuelve a ser noticia con los
Juegos Olímpicos de Pekín como telón de fondo.
Nikonistas: El drama tibetano ha saltado a la primera página de los medios de comunicación tras los últimos acontecimientos, pero tu llevas más de diez años fotografiando este conflicto. ¿Cómo surge este proyecto? ¿Qué es lo que le ha motivado a continuarlo durante tantos años?
Ángel López Soto: En 1997 hice un viaje a
India y Nepal de dos meses de duración. El
exilio tibetano fue uno de los temas que más me interesaron. Visité unos asentamientos en
Nepal y también en
India, en Dharamsala y en la zona del Ladakh. En principio se trataba de un reportaje, pero cuando volví a casa y revisé el material que tenia supe que tenía que continuar, documentarme sobre otros aspectos, y poco a poco fui entrando y me fui dando cuenta de la magnitud y de la complejidad que el tema del
Tíbet tenía, y decidí desarrollarlo a largo plazo. En agosto de 1998 fui recibido por el
Dalai Lama y en estos últimos años he vuelto a estos lugares repetidas veces y también he estado en otros lugares donde hay comunidades de Tibetanos en el exilio, como Canadá.
A día de hoy, mi trabajo sigue en evolución y no lo considero en absoluto terminado.
NKT: Has tenido la oportunidad de conocer al
Dalai Lama en persona, a la vez que ha sido testigo del éxodo del pueblo tibetano. ¿Cómo describirías el espíritu del
Dalai Lama y de su pueblo, bajo el yugo del gigante chino durante 50 años?
ALS: Después de todo lo acontecido con el
Pueblo Tibetano, he comprobado que, definitivamente, este es un pueblo totalmente indomable, con unas convicciones de acero. Se rigen por sus creencias y por una especial forma de entender la vida.
Después de 50 años y de intentar infructuosamente hacer desaparecer sus creencias, su cultura,
China opto, entre otras cosas más graves, por usar el
Tíbet como un reclamo turístico. A pesar de toda esta represión y de las dificultades, los
tibetanos siguen ofreciendo una resistencia pasiva y pacífica, que les ha permitido mantener su identidad.
El Dalai Lama es el símbolo y catalizador de esta cultura, es el mejor representante de lo que es el
Pueblo Tibetano
NKT: ¿Entonces...
China no ha conseguido borrar la cultura y la tradición tibetana en el propio país ocupado?
ALS: Sin duda, no ha podido. Y han pasado 50 años. Cuando tuvo lugar la revolución cultural hubo grandes matanzas, hubo gente que fue privada de todo, incluso de alimentos, fueron muchos los que murieron de inanición.
Se destruyeron prácticamente la totalidad de los monasterios, las cifras difieren un poco dependiendo de la fuente, pero el hecho es que esta destrucción sucedió, se intento de borrar la religión, considerada el opio del pueblo por
Mao y sus seguidores.
A pesar de las prohibiciones, de la cárcel, de las torturas, han mantenido su cultura bien viva y no se han dejado conquistar ni por la migración y ni por la imposición del estilo de vida chino que está llegando al
Tíbet, y que no logra acabar con la fuerza interior del
Pueblo Tibetano.
NKT: El éxodo incesante de la población desde el
Tíbet a
Nepal y a
India, es un camino durísimo hacia la libertad, pero también hacia el exilio. ¿Qué ha supuesto para ti el contacto directo con estas personas que protagonizan tus imágenes?
ALS: Su fuerza interior puede a todas las dificultades, a todo tipo de impedimentos, angustias, problemas...
Los exiliados salen del
Tíbet y cruzan las montañas, los que logran atravesar llegan a un centro de acogida, en Katmandú. Además de este primer centro de acogida, existen otros dos, uno en Dharamsala y otro en Delhi.
En 1998 tuve contacto por primera vez con los centros de acogida. En aquella ocasión pude ser testigo de la llegada de un grupo de unas 60 personas que había logrado atravesar. Era Diciembre, pleno invierno, y habían sufrido, entre muchas otras dificultades, una avalancha de nieve que se llevó la vida de varios de ellos.
Los recién llegados presentaban un estado lamentable, muchos sufrieron amputaciones a causa de las bajas temperaturas a las que estuvieron sometidos.
Para mí es una imagen imborrable, en unas condiciones extremadamente precarias de atención médica, ver ante mí a niños de 9 años, sin dedos, con los pies ennegrecidos dentro de unas palanganas, sus pequeños deditos se iban cayendo solos, pero tenían una sonrisa pintada en la cara. Les pregunté si les había merecido la pena todo lo que ha habían pasado, ver morir a familiares, perder las piernas, las manos... su respuesta fue que estaban satisfechos de haber cruzado, porqué preferían vivir en libertad.
Para mí fue una lección de humanidad muy importante.
NKT: Has documentado la vida en el exilio de los
tibetanos que se han visto obligados a huir de sus países ¿Cómo es la vida de los exiliados?
ALS: Es una situación realmente muy difícil. Primeramente se trata de personas indocumentadas, no tienen pasaporte de ningún país.
Llegar es muy complejo, atravesar las montañas o cruzar por otro tipo de caminos, también muy difíciles y siempre clandestinamente. Si son interceptados por la policía china o por el ejercito son inmediatamente devueltos a al Tíbet y pueden ser incluso recluidos en la cárcel o, como ha pasado en algunos casos, despojados de sus tierras.
A veces es la policía nepalí quien los intercepta y les obliga a retroceder a
Tíbet, incluso se han dado casos de asaltos, disparos y robos, por parte de la policía, y últimamente también de encarcelamientos.
Si a pesar de todos estos filtros y dificultades, logran llegar al centro de acogida de Katmandú, deben esperar que en un autobús los traslade a Delhi donde se encuentra otro centro de acogida. Sin embargo el trámite es muy complejo, el alto Comisionado de Refugiados de las
Naciones Unidas es el organismo encargado de realizar este complejo trámite que permitirá a los refugiados llegar a la India y poder ver al Dalai Lama. Pero, en esta situación obtener documentación, un carnet de refugiado, es muy complicado y, por ende, la vida de estas personas también lo es.
El
gobierno tibetano en el exilio distribuye sus recursos en función lo que cada individuo pretenden hacer en la vida y por su edad. Los niños suelen entrar en el Tibetan Children´s Village, escuelas tibetanas que se han creado en el exilio. Los monjes suelen ser integrados en los monasterios, mucho reconstruidos en el exilio con los mismos nombres y siguiendo las tradiciones de los que existen en el
Tíbet. Las personas que eligen hacer otro tipo de vida también reciben ayuda del gobierno.
Es muy complicado aunque, por otro lado, los que logran llegar lo hacen cargados de esperanza y dispuestos a encontrar su lugar en el mundo y en la vida.
NKT: ¿Crees que a nivel internacional se ha hecho todo lo posible para resolver este conflicto que ya dura 50 años?. ¿La comunidad internacional ha ejercido suficiente presión sobre
China para que los derechos humanos sean respetados en el Tíbet?
ALS: Es evidente que no. En los años sesenta las
Naciones Unidas instó por dos veces a los gobiernos para que solucionaran este conflicto. Lamentablemente, todo quedó paralizado y no se ha vuelto a hablar de este tema.
China ha seguido aplicando su política represiva y la comunidad internacional, salvo casos muy puntuales, no ha hecho prácticamente nada.
El mismo gobierno español en este asunto está mirando hacia otro lado. Mientras algunos países como Francia o Alemania han reaccionado ante los últimos acontecimientos con manifestaciones e incluso planteando la posibilidad de un boicot a
Los Juegos Olímpicos, el gobierno español no se ha manifestado en ningún sentido, y esta es la actitud de muchos otros gobiernos. Una actitud, a mi entender, muy lamentable.
Realmente no ha habido una verdadera presión.
China es un objetivo económico primordial y esto a primado sobre la defensa de los derechos de los tibetanos.
NKT: Una de las acciones que se ha apuntado desde algunos países de la Unión Europea, es la posibilidad de consensuar un boicot a los Juegos Olímpicos de Pekín, si la violencia no cesa. Qué opinas al respecto, ¿Crees que se debería separar la política de acontecimientos como
los Juegos Olímpicos? O por el contrario, ¿la participación de los países de la Unión Europea en un acontecimiento internacional tan importante, podría ser interpretada como una aceptación tácita de la política represora de China con el Pueblo Tibetano?
ALS: Creo que política y deportes son dos cosas totalmente diferentes. Sin embargo el espíritu deportivo, la competición sana y justa, es algo que está muy ligado al respeto al ser humano.
Los Juegos Olímpicos no son una lucha, sino una competición, hay valores en juego y el tema de los derechos humanos están muy relacionados con esto, son los principios básicos de la vida, del entendimiento y del respeto. No se si el boicot es lo que se debe hacer, pero me parece vergonzoso que un evento tan importante como los Juegos Olímpicos vaya a celebrarse, con el apoyo de la comunidad internacional, en un país donde el respeto hacia los derechos de los ciudadanos es mínimo.
El respeto de los
Derechos Humanos debería estar siempre por delante de cualquier otra consideración
El
Dalai Lama no quiere que los
Juegos Olímpicos sean boicoteados, el pide una autonomía justa que les permita regirse según sus tradiciones y su cultura. Nada más.
NKT: China es un país que en los últimos años a vivido un desarrollo económico e industrial exponencial. Su protagonismo en la economía y el comercio internacional es cada vez más importante. ¿Crees que los intereses comerciales con
China impedirá la defensa, en el plano internacional, de los derechos fundamentales de los tibetanos?
ALS: Creo que no debería ser así. Desde hace unos años existe una premisa para mandatarios y políticos de países de la
Unión Europea según la cual, los
Derechos Humanos deben ser puestos siempre sobre la mesa de negociación, en las reuniones con sus homólogos chinos. Aunque en ocasiones, esta premisa no se respeta.
Hace unos años, cuando
José María Aznar era presidente del gobierno español, viajó con un grupo importante de políticos y empresarios a China. La prensa española, como la de muchos otros países, sufría un gran desconocimiento respecto al tema del Tíbet. Nadie preguntó acerca de las conversaciones mantenidas a propósito de los
Derechos Humanos. Solo un periodista preguntó si se había hablado de
Derechos Humanos y concretamente del tema del Tíbet. Aznar contestó que se había hablado de esto en privado durante 15 minutos, pero no consta, ni las conversaciones que hubo, ni la manifestación que dijo haber hecho
Aznar como representante de España
NKT: Sin duda este es un conflicto incómodo para la comunidad internacional, y tu trabajo el reflejo de una tremenda injusticia. ¿Has encontrado dificultades para publicar este trabajo en los medios de comunicación?
ALS: Yo he publicado muchos artículos sobre el tema tibetano, desde el ángulo político, social, cultural... Dificultades he encontrado muchas, empezando por el desconocimiento de los responsables de los medios con respecto a la situación del
Tíbet. Periódicos importantísimos contaban con corresponsales en
China que, por desconocimiento, estaban promoviendo y justificando la postura china con respecto al
Tíbet.
Algunos medios consideraban el tema del
Tíbet como algo trivial, una problemática lejana que solo preocupaba a unos extraños místicos y a cuatro estrellas de Hollywood, no le concedían prácticamente ningún interés.
También he encontrado a otra gente bastante más receptiva. Después de 11 años de trabajo tengo decenas de miles de imágenes, de lo que se extrae un trabajo bastante consistente. Hay medios que así lo han interpretado e incluso personas del mundo del arte se han interesado e involucrado para exponer y hacer visible este trabajo.
Esta tentativa arranca con mucho interés y con mucha fuerza, pero pronto se ve lastrada por dificultades logísticas y prácticas. Los posibles patrocinadores se retraen del proyecto si tienen intereses con
China, y lo mismo sucede con los espacios expositivos que dependen de la administración pública.
Al final he acabado por darme cuenta de que no es tan fácil poder exponer este trabajo y del enorme peso que tienen las sinergias políticas y económicas en los medios de comunicación.
La exposición
TíBET, EL ÉXODO consta de 75 fotografías y está disponible para su exposición e itinerancia. Así mismo, el proyecto editorial sobre este trabajo fotográfico aún no tiene editor.
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