A veces la mejor fotografía se guarda en cajas negras, pequeñas y simples. El culto a las cámaras telemétricas tiene una historia plagada de nombres legendarios: Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, Agustí Centelles, y un sello de buen hacer y sagacidad, que dejaba la tecnología en un segundo término.
Leica fue artífice de un irreversible cambio en la forma de hacer fotoperiodismo, además de un diseño copiado a lo largo de más de cincuenta años.
La fotografía digital ha potenciado en cierta manera el concepto con el que fueron creadas las cámaras telemétricas. Sus reducidas dimensiones y el elevado número de disparos que permitían, las convirtieron en cámaras muy populares entre los fotoperiodistas, durante los años treinta y cuarenta y hasta la aparición de las primeras cámaras réflex a finales de los cuarenta.
Frente a las nuevas cámaras digitales, hoy están en claro desuso. Las cámaras digitales ofrecen un tamaño y peso todavía más reducido que sus antecesoras, un control absoluto de todos los parámetros, la facilidad de manejo y, sobre todo, la inmediatez de la fotografía digital, casi han relegado a estas clásicas al olvido.
Dentro de este pequeño universo del visor directo, nos hemos fijado en dos modelos, que aunque, como veremos, son muy diferentes, nacen de un mismo concepto: la simplicidad.
La Voigtländer Bessar-R es una cámara telemétirca de una austeridad extrema: cuerpo metálico ultra resistente, líneas curvas que se adaptan perfectamente a la mano y un gran visor directo para encuadrar y enfocar. Su funcionamiento es totalmente mecánico, únicamente su humilde exposímetro requiere de alimentación.
La montura para las ópticas es de rosca de 39mm, compatible con las excelentes ópticas de Voigtländer y también con de las genuinas e insuperables ópticas de Leica.
Rescatar esta estupenda cámara del destino de ser una pieza anecdótica (y un testimonio de la historia de la fotografía), y dotarla de la tecnología de la era digital, ha sido la apuesta de Epson con su cámara RD-1. La primera cámara telemétrica digital, cuyo diseño se ha basado en la Voigtländer Bessar-R.
La Epson RD-1 es un poco más grande y pesada que su hermana analógica, sus formas son más rectas, y esto hace que tengamos que tomarnos nuestro tiempo para acostumbrarnos a ella. Es totalmente manual y su menú han sido diseñado con un espíritu austero y práctico.
Tiene todo lo que se necesita para hacer una buena fotografía, calidad óptica, y casi todo lo que una cámara digital puede ofrecer: Formato JPG, RAW, pantalla LCD, histograma, balance de blancos, un práctico exposímetro integrado en el visor...
Estamos seguros de que esta apuesta de Epson responde a una voluntad de innovación, más allá de una política de expansión comercial. Por esta razón hemos querido dedicar este artículo a presentaros estas dos cámaras, tan distintas, pero a un tiempo tan parecidas.
En tus manos ya no hay píxeles ni película, solo tu mirada y la fotografía.