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Fecha de publicación:  20/10/2008

Entrevista a Manel Úbeda

Tras las huellas del tiempo
Núria Gras
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Manel Úbeda (Mollet del Vallés, 1951) creció fotográficamente en la convulsa época que supuso el final de 40 años de dictadura. Junto a otros nombres, también conocidos de la fotografía, como Humberto Rivas, Pere Formiguera, Josep Rigol o Joan Fontcuberta, conformaron un foco incansable de trasgresión y renovación del caduco panorama fotográfico de este país.

Su trabajo a lo largo de más de treinta años de profesión, avalan una de las carreras más sólidas y coherentes de la fotografía actual, tanto desde el punto de vista de la creación fotográfica, como desde el punto de vista docente, una actividad que Úbeda viene desarrollando desde hace veintisiete años, al frente de la Escuela de Fotografía IDEP.

Consciente de los nuevos retos que la fotografía exige a los profesionales de la imagen, el departamento de Fotografía de IDEP Institut Superior de Disseny, en colaboración con la Universitat Abat Oliba CEU, ofrece desde el curso 2007/08, la primera carrera universitaria de fotografía en España
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Nikonistas: Usted ha desarrollado su trabajos en multitud de ámbitos relacionados con la fotografía, desde el desarrollo de una obra personal presente en multitud de colecciones y museos, colaboraciones editoriales, comisariado de exposiciones, fotografía comercial...etc. ¿Por qué decide dedicarse a la enseñanza de la fotografía?

Manel Úbeda: En su día (Septiembre de 1976) no fue una decisión premeditada, pero es cierto que buena parte de los fotógrafos de mi generación, de una forma u otra, hemos estado vinculados al mundo de la enseñanza de la fotografía. Me gusta pensar que fue debido a que nuestros “padres fotográficos” no quisieron enseñarnos nada. Era la época en que, de forma estúpida, se pensaba que si alguien desvelaba “sus secretos”, los demás harían las mismas fotografías. Creo que había una cierta dosis de venganza en el hecho de divulgar lo poco que sabíamos.

NKT: A finales de los años 70 formó parte, junto a otros nombres ilustres de la fotografía, de un grupo de jóvenes fotógrafos que usaron la fotografía para luchar por la libertad y promover la cultura. ¿Cómo ve a las nuevas generaciones de fotógrafos respecto a su propia generación?

MU: Las circunstancias son radicalmente distintas, y quizá la comparación no sea válida, pero a principios de los años 70 el idealismo nos empujaba y casi nadie pensaba en si podía obtener algún beneficio económico del trabajo fotográfico realizado. Las fotografías las hacíamos por placer y, por supuesto, como una herramienta para intentar cambiar algunas cosas de la sociedad que nos rodeaba. También era una forma de relacionarnos con una realidad que existía más allá de las fronteras de la dictadura.

Creo que ahora no queda nadie que esté convencido que con su esfuerzo individual, entusiasmo y dedicación pueda cambiar el mundo. En aquel entonces el enemigo estaba muy claro (hay que recordar que la dictadura franquista, hasta el último momento, ejecutó y mató sin piedad alguna) y era fácil tomar una posición. Sólo había dos opciones: estabas a favor o en contra de la dictadura.

Ahora, a pesar de que existen multitud de situaciones e injusticias que se merecen una lucha frontal y una actitud beligerante, el “sistema” ha sido muy hábil y ha conseguido tenernos a todos ocupados pendientes de las hipotecas, la crisis, las luchas entre lenguas y territorios, con la inmigración, etc. Por no añadir la moda de mantener a las jóvenes generaciones de fotógrafos pugnando por conseguir becas para la realización de proyectos fotográficos. Está muy bien que existan estas oportunidades, pero lo triste es que se han convertido en el objetivo prioritario, y único, de muchos jóvenes fotógrafos.
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NKT: Y su generación, ¿Dónde la situaría después de treinta años en el entorno fotográfico?

MU:
Somos una generación que se ha acomodado y que, en general, hemos perdido aquel espíritu combativo. Casi todos seguimos en el mundo de la fotografía, cultivando nuestra obra personal, en la docencia, el comisariado de exposiciones, la edición de libros, conferencias, etc. Creo que en nuestras pequeñas (ínfimas) parcelas ostentamos un cierto “poder”, pero hemos dejado evaporar la fuerza que teníamos como grupo generacional. Con frecuencia tengo la sensación de que vivimos de lo que fuimos y de lo que hicimos, pero que no necesariamente nuestras actuaciones de ahora sean siempre honestas y den un buen ejemplo a las nuevas generaciones.

Me gusta pensar que dentro de poco tiempo se generará un nuevo movimiento, liderado por las jóvenes generaciones, que planteen alternativas al panorama que hemos dejado como herencia. Es evidente que la próxima “revolución” la tienen que liderar los jóvenes y, si bien la situación actual es mucho mejor que la que teníamos nosotros, no es menos cierto que se hace necesario una limpieza general.

Ello no significa que reniegue de la obra realizada por mi generación a lo largo de estos años, todo lo contrario, pero si los jóvenes no empujan, nadie va a dejar su parcela de poder de forma voluntaria.

NKT: Usted ha desarrollado una obra personal muy consistente, por los temas que le han interesado y también por la forma en como los ha fotografiado: blanco y negro, medio formato, trípode, largos tiempos de exposición.... La serie fotográfica que muestra ahora en el Hospital de Bellvitge, aparentemente supone una quiebra con su modo de trabajar de los últimos treinta años. ¿Qué conexiones cree que hay entre “En Vacaciones” y sus otros trabajos que permitirán al espectador reconocerle en el conjunto de su obra?

MU: Es cierto que “En Vacaciones” es una excepción en mi trabajo personal. Es la primera colección en color en mi obra, está realizada en 35mm y con cámaras compactas de aficionado. Sin embargo, creo que el interés hacia lo decadente, la ironía y una mirada entre tierna y corrosiva se mantiene. Quizá la gran diferencia estética entre este trabajo y el resto de mis series o colecciones haga que parezca algo distinto, pero el interés hacia los espacios y las personas también está ahí.

NKT: Háblenos un poco más de su trabajo personal. Tibi, su mirada volcada en el paisaje del Parque de Atracciones del Tibidabo en Barcelona, es una de sus colecciones más emblemáticas. ¿Que le llevó a fotografiar durante 11 años este espacio decadente, hoy totalmente renovado?

MU: Como todas mis series, el trabajo del Parque de Atracciones Tibidabo nació de un impulso. Cuando era niño, mis abuelos, una vez al año, me traían a Barcelona y me llevaban al Parque del Tibidabo. Siempre formó parte de mi imaginario lúdico y de fantasía. Cuando me trasladé a vivir a Barcelona me reencontré con el Tibidabo y su esplendorosa decadencia. Realicé unas primeras tomas y me gustaron los resultados. Al cabo de un tiempo decidí que la luz de invierno y, preferentemente, con el parque cerrado era el escenario ideal para intentar transmitir mis sensaciones entorno al Tibidabo.

A medida que más trabajaba, más cosas descubría. Lejos de tener la sensación de que ya lo conocía, cada vez que subía al Parque con la cámara aparecían aspectos que me habían pasado desapercibidos. La “relación amorosa” con el Tibidabo duró unos 11 años y se truncó el día que empezaron las obras de remodelación para intentar convertirlo en un parque de atracciones “moderno”.

NKT: ¿Cuales son los conceptos que atraen su mirada fotográfica?

MU: Los espacios que en su día fueron esplendorosos y acaban abandonados siempre me han interesado. Me gusta imaginar como las personas se relacionaban con el espacio mientras lo fotografío en estado de decadencia y abandono. Este interés se ha concretado en muchos espacios de Barcelona que han desaparecido o que han sido remodelados. El Parque de Atracciones del Tibidabo, los desaparecidos Piscinas y Deportes (Sarriá) y Baños de San Sebastián (Barceloneta) y la Plaza de Toros las Arenas, son algunas de mis colecciones emblemáticas. Ahora estoy trabajando en los cementerios de Montjuïc y Poble Nou, justo cuando el Ayuntamiento de Barcelona ha iniciado un proceso de restauración del patrimonio escultórico de los cementerios.

Por otro lado, mi pasión por los viajes me ha permitido fotografiar escenarios y personas en África, que nada tienen que ver con las series antes mencionadas, pero que mantienen una misma manera de mirar y de interpretar el mundo que me rodea.
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NKT: Y como espectador, ¿Que es lo que le interesa?

MU: Me interesa especialmente el reportaje fotográfico. Creo que en un una época en la que se cuestiona la validez y la necesidad del reportaje, resulta una herramienta extremadamente útil para denunciar las injusticias y desigualdades que no siempre queremos ver.

La fotografía de autor contemporánea, la que podemos ver en grandes museos y prestigiosas galerías, con piezas que se venden a precios desorbitados, cada vez me interesa menos. Por suerte (o por desgracia, ya no lo sé) la fotografía ha entrado por la puerta grande en el mercado del arte. Ello comporta que la fotografía de creación está más pendiente de las modas, de las dictaduras de los comisarios, de los caprichos de coleccionistas y editores, de las operaciones de marketing y de un amplio conjunto de aspectos que nada tienen que ver con la creación honesta de un autor.

Para resumirlo: estoy harto de “modernikis” y “artistas plásticos” que nos toman por tontos, que quieren hacernos creer que su producción (mucha veces escandalosamente mediocre, pero en grandes formatos) es arte porque acompañan el trabajo con una gran justificación teórica.

NKT: ¿Esta crítica feroz al mercadeo del arte podría aplicarse al fotoperiodismo, ahora que también ha entrado en las galerías?
Algunos fotoperiodistas muestran y venden sus trabajos en grandes formatos, e incluso los publican en lujosos, y caros, libros de autor. ¿Dónde situaría la frontera ética como espectador?

MU: Cada uno es muy libre de hacer con su trabajo lo que considere más oportuno. Si lo más oportuno consiste en vender como arte una fotografía que habla de las desgracias y sufrimientos de los seres humanos, que además ha sido tomada para denunciar una determinada situación, y que su objetivo era ser publicada en un medio de comunicación (lo más masivo posible), que no cuenten conmigo ni con mi complicidad en este juego. Me ofenden los coffee table books (libros de lujo para que queden “bonitos” en la mesita frente al sofá) de fotografías de desgracias humanas.

Entiendo que la obra personal es aquella que sale de lo más íntimo y privado del autor y que éste es capaz de convertirla en algo colectivo. El fotoperiodismo no parte de estas premisas; como género tiene otros objetivos. Creo que el mejor lugar para las fotografías de reportaje es aquel que más difusión puedan tener con el fin de que lleguen a denunciar, movilizar y remover conciencias. Con las ventajas de la red, no deberían existir excusas para no dar difusión a trabajos comprometidos y que nos confronten con realidades poco amables que preferimos no ver. Una galería no está pensada para cumplir esta función, como tampoco está pensada la fotografía de denuncia para ser colgada de una pared como “obra de arte”.

El sistema está pervertido. Los departamentos de marketing están interviniendo de forma directa en la decisión de los contenidos de los medios impresos. No quieren, por ejemplo, que una fotografía de decenas de inmigrantes moribundos en una patera aparezca junto a un anuncio de un flamante reloj o de un automóvil de lujo. Que los medios no quieran publicar estas fotografías me parece grave, pero que estas imágenes se vendan como “arte” en galerías y museos, me parece perverso.

NKT: Otra faceta suya representada en su obra gráfica son sus experiencias en sus numerosos viajes por África. ¿Cabe el calificativo de fotografía de viajes en esta parte de su trabajo?

MU: Las fotografías que he realizado en mis viajes no son “fotografía de viajes”, al menos tal y como se entiende este término en el mundo editorial. Casi siempre han sido viajes pensados para fotografiar y disfrutar de las vivencias, en oposición a la actitud de aprovechar el viaje para hacer fotografías. Han sido viajes en los que tenía fecha de partida y de regreso, pero nada programado para la estancia y el recorrido por el país. Es por ello que las distintas colecciones de África no tienen un hilo conductor claro, sólo mi mirada.

NKT: Desde su perspectiva, como profesor y responsable de una prestigiosa escuela de fotografía, cómo esta viviendo los cambios que ha supuesto la implantación de la fotografía digital.

MU: La fotografía digital ha sido una auténtica revolución en nuestro oficio. Quizá nos falta perspectiva, pero creo que, por su dimensión, ha significado uno de los cambios más importantes desde que se inventó el medio. En IDEP incorporamos la fotografía digital hace unos 12 años y hemos ido avanzando al mismo ritmo que lo ha hecho la industria. Sin embargo ello no quiere decir que yo, personalmente, esté encantado con las formas que ha utilizado la industria. Creo que esta carrera desenfrenada hacia los mega píxeles ha comportado que se lancen al mercado equipos de calidad muy dudosa, por no decir auténticos fraudes.

Otro aspecto que me parece escandaloso es que inversiones de miles de euros sólo tengan una vigencia (con suerte) de tres años. Los cambios de sistema operativo, los firmware de las cámaras, los cambios de tamaño de los sensores, las ópticas DX y FX y un largo etcétera, hacen que los consumidores y profesionales estemos en las manos de una industria que, para poder mantenerse, nos obliga a constantes cambios. Si lo que ocurre con las cámaras y los ordenadores se diera, por ejemplo, en el sector del automóvil, habría una revolución social.

NKT: ¿Cómo encara estos cambios como fotógrafo?

MU: Igual que otros muchos profesionales, pero yo tengo la suerte de trabajar en IDEP, una institución dedicada a la enseñanza, y ello me obliga a estar al día en el terreno tecnológico, pero no tengo ninguna presión en este sentido en mi obra personal. De momento alterno la fotografía digital en las clases con el trabajo en película de medio formato en mi obra personal. Quizá dentro de un tiempo no tendré opción y entonces trabajaré con lo que tenga más a mano.

Si bien es cierto que la fotografía digital ha cambiado muchas cosas, yo sigo haciendo las fotografías igual que las hacía antes: en mi cabeza. Si trabajo en digital o analógico sólo me cambia la postproducción que tengo que aplicar.

NKT: Háblenos de este nuevo proyecto pedagógico, los primeros estudios universitarios de fotografía en España. ¿Qué le ha motivado a impulsar este proyecto?

MU: La convicción de que en España eran necesarios unos estudios que, además de otorgar un título universitario, facilitaran la formación de profesionales en el campo de la imagen que estén preparados no sólo para trabajar detrás de la cámara, sino también que sean capaces de trabajar como comisarios de exposiciones, críticos, gestores culturales, directores de arte fotográfico en publicidad, etc.

Los primeros intentos de poner en marcha el proyecto datan de 1994, pero hasta que no se han dado las circunstancias adecuadas no ha sido posible concretarlo.

Para elaborar el plan de estudios hemos realizado una importante búsqueda y análisis de lo que se hace en EEUU, Reino Unido, Francia y Alemania en este nivel. No hemos inventado nada, pero tenemos un plan de estudios novedoso, moderno y con unas expectativas que, de momento, nadie más está en condiciones de ofrecer.

NKT: Unos estudios de estas características requerirán de un sólido equipo de colaboradores. ¿Cómo son los profesores que integran el equipo docente?

MU: Sin duda, el pilar básico son los docentes y, por descontado, una buena coordinación de estudios, que en este caso corre a cargo de Luca Pagliari, quien ha tenido un papel destacado en la creación del plan de estudios. El perfil de los docentes es muy variado y de altísimo nivel. Lógicamente tenemos a fotógrafos puros como docentes, pero el equipo se completa con profesionales que cubren las humanidades, la historia, el arte, el comisariado de exposiciones, la filosofía, la antropología, el lenguaje audiovisual, la expresión oral y escrita…Para aquellos que no tienen un buen dominio del inglés también se imparten clases de idioma, ya que en el segundo curso alguna asignatura se desarrolla en esta lengua.

NKT: ¿Cual cree que debería ser, a partir de ahora, el perfil de los nuevos profesionales de la imagen?

MU: No habrá un perfil definido, precisamente porqué la profesión ha cambiado. Se han cerrado algunas puertas, pero se han abierto una infinidad de opciones que hace unos años no podíamos ni imaginar.

Si los futuros profesionales son personas formadas cultural e intelectualmente, podrán aportar soluciones y criterio a sus trabajos. Los técnicos siempre tendrán su espacio, pero los que además sean capaces de aportar criterio tendrán muchas más opciones.


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