En cualquier caso, tres años pasan factura inevitablemente, insiste Squyres, un grave problema es la temperatura. Podemos pasar de 0° al mediodía a -100° por la noche, lo que expande y contrae los componentes. Y lógicamente los daña. Aun y así, los dos robots no solo siguen funcionales, sino que están casi a pleno rendimiento. Solo hay problemas menores, reconoce Squyres. Por ejemplo, al Spirit no le funciona una de las seis ruedas, y a la misma rueda le falla la dirección en el Opportunity, pero los robots pueden seguir funcionando sin ellas, acomodando el programa de navegación para soslayar el inconveniente. De los 10 instrumentos de análisis, cinco por rover, solo se ha roto el RAT del Spirit, un dispositivo para pulverizar minerales. "Se ha desgastado porque las piedras que ha analizado eran muy duras".
Los robots eran prácticamente idénticos en su origen, pero el lugar de descenso y las funciones desempeñadas les han afectado de manera diferente. El Oppotunity quizá ha tenido más repercusión popular debido a la ruta escogida para su despliegue operativo. Ahora se encuentra en el momento culminante del viaje, en el cráter Victoria, con 70 metros de profundidad y 800 de diámetro. Si circulas por la superficie, vas viendo siempre las mismas rocas, pero cuando hay un agujero en el suelo te permite observar los estratos y un mayor registro cronológico, prosigue Squyres, yo tenía la idea ingenua, concluye el investigador, de que en algún momento de la misión pararíamos, daríamos por hecho que ya no se podría descubrir nada interesante, pero ahora estoy convencido de que todos los días de supervivencia (de los rovers) aportan más oportunidades.