El director de cine sueco Ingmar Bergman, falleció ayer a los 89 años en la isla sueca de Faarö.
Autor de clásicos del cine como El séptimo sello o Fanny y Alexander, se encontraba retirado en su casa de la isla del Mar Báltico desde hace años y ha fallecido por causas aún sin determinar. En su filmografía, Bergman abordó, con una visión casi siempre trágica, las relaciones entre hombres y mujeres, la muerte, la existencia de Dios o el sentido de la vida.
Nacido el 14 de julio de 1918 en Uppsala, al norte de Estocolmo, Bergman llegó a firmar más de 40 películas, entre ellas Fresas salvajes, Gritos y susurros, Escenas de la vida conyugal o Sonata de otoño. Su obra más conocida es, sin duda, El séptimo sello, de 1957, cumbre del cine protagonizada por Max Von Sidow, entre otros.
Cursó estudios universitarios en Estocolmo y aprendió el arte de la puesta en escena teatral, montando una pequeña compañía de teatro con sus compañeros que representa a obras de Shakespeare y Strindberg. Ya en los años 40, comenzó a compaginar el teatro con el cine y fruto de ello es su primera película, Crisis, de 1945.
En 1976, tras emigrar a Alemania, filmó El huevo de la serpiente, sobre el ascenso del nazismo. Ya de nuevo en Suecia, en 1982 rodó su última gran película, Fanny y Alexander, por la que consiguió cuatro Oscars, entre ellos el de mejor película extranjera, galardón que ya había obtenido en 1960 por El manantial de la doncella y en 1961 por Como en un espejo.