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Baskerville

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Nikonistas Forever

Nikonistas Forever (6/9)

  1. Yo no veo en esto nada que no se viera venir desde el principio, la verdad. Uno ya tiene años en esto como para hacer memoria y comparar. Cuando aún no había cacharros digitales, los fotógrafos eran de 3 clases: los profesionales, los aficionados y la gente -en cuestiones fotográficas, se entiende- corriente. Los profesionales tiraban de cacharros potentes y caros, los aficionados de réflex más o menos apañadas y el resto de cámara compacta. Te ibas de viaje y veías a todo dios con una compacta y a alguno que otro con una réflex. Era lo que había, y la fotografía, por supuesto, aún no se había convertido en un "deporte de masas". Aficionados en serio había pocos, hablaban de fotografía con otros aficionados y enseñaban las fotos que hacían a éstos o a los conocidos, y se acabó. No había más. Después vino esto de lo digital, y todo cristo soltó su cámara compacta de toda la vida para gastarse un dinero -muchas veces un dinerito curioso- en una compacta digital. Salieron compactas digitales hasta debajo de las piedras. El personal te enseñaba lo que hacía su compacta y demasiadas veces te encontrabas diciendo "ah, pues está muy bien". Mentías como un bellaco, claro, porque aquello era malísimo, pero bueno, tampoco ibas a ganar nada diciéndolo. Las cámaras compactas de carrete acabaron en un cajón primero y en un cash-converter después, porque nadie las quería ya para nada. Salía un nuevo modelo de compacta digital cada quince minutos, y los aficionados serios, que seguíamos yendo por ahí cargados como bestias con una réflex, un trípode y varios objetivos, teníamos que aguantar los consejos y las chanzas de un montón de gente que, sin ni puta idea del tema las más de las veces, te decía que eras un antiguo y un carca y que lo que ellos tenían era mejor. Alguno incluso se enfadaba cuando, harto ya de que te diera la brasa en medio del bosque, acababas diciéndole que te dejara en paz y que se fuera con su compacta digital a tomar por el callejón de la peste. La siguiente fase fue la de las réflex digitales. Los profesionales y los aficionados "serios", asentados, se pasaron en masa a las réflex digitales. Fue la época dorada del digital vs. analógico. En ella, los aficionados serios arrumbaron sus cámaras de película y se compraron réflex digitales que, muchas veces, no llegaban al equipo de película que tenían ni a la altura de los zapatos. Pero era lo que había. Eran los tiempos. La película había muerto. Las marcas encontraron un filón primero en el aficionado y en el profesional, y en la "gente corriente" después. En muy poco tiempo tooooodo cristo quería o tenía una réflex. Qué te parece la Nikon D-supuñetera-madre, te preguntaban. Tú que entiendes, dime si ves mejor ésta o aquella, decían, que estado mirando una comparativa en sabe-dios-qué.com y dice que una fríe patatas mejor que la otra, pero que las quema un poco por las esquinas, y estoy indeciso. Y cuando les contestabas que en el fondo daba igual, que todas hacían fotos y que iba a ser muy difícil que exprimiera las posibilidades de cualquier modelo que eligieran, se alejaban pensativos moviendo la cabeza. Éste no está al día, pensaban. El cascarrabias se ha quedado atrás. Entre los aficionados, no había más dios que el digital y Photozone era su profeta. Mellado era Dios y Photoshop el camino directo al cielo fotográfico. Los foros, los blogs y demás se llenaron de absolutas eminencias en en asunto, expertos en resoluciones dinámicas y en matemática computacional aplicada a la fotografía, y algunos no ponían un póster con su cara en su dormitorio porque eso de los pósters era también algo muy antiguo y quedó para los de mi generación, que teníamos el de Samantha Fox que se compraba en Discoplay. En la fase siguiente, había que cambiar de cámara cada semana. Vendo la D-ñiki-íki porque se me queda corta y quiero hacer caja para la D-ñoko-ñoko, que tiene tropecientos puntos de enfoque dinámico con prioridad al sujeto con mejor dentadura, y eso me resulta imprescindible. Vendo el objetivo 46-83 f:2.7 porque estoy pensando en el 38-92 f:0,18, que tiene más luminosidad y menos distorsión de cojincillo con encaje. O mejor todavía: vendo mi réflex porque me paso al mirrorless, que la vibración del espejo me afloja los implantes dentales y no me deja dormir el ruido del obturador. Y, por el camino, la gente corriente se encontró con que habían llegado unos cacharritos muy simpáticos, llamados smartphones, teléfonos inteligentes. Más que sus dueños en muchísimas ocasiones, por cierto, y vieron que todo aquello de "una buena cámara para hacer buenas fotos" era un engorro y un atraso. El móvil hace lo mismo, decían. Pesa menos y lo llevas siempre. Y puedes subir la foto al Feisbuk en cuanto la haces. Y las tiendas de segunda mano se llenaron de réflex de aficionado que nunca habían salido del "modo verde", que apenas se habían utilizado y que se iban a quedar, como tantas de sus antecesoras en todos los formatos concebibles, muertas de risa y de asco. Total, para hacerse un serfi y mandarlo por guasap a la familia. El siguiente capítulo aún está por escribir, pero no tardará mucho, porque no se pensará nadie que va a quedar la cosa en que la gente tire de móvil para siempre sin hacer gasto ni dar de comer a tanto fabricante, a tanto publicista y a tanto mercachifle. Ahora en serio: cascarrabiadas sarcásticas del fraile Baskerville aparte, veo en eso lo mismo siempre: carnaza para un personal ávido de novedades. Estrategias de mercado que tendrán éxito mientras no nos sentemos a pensar con la cabeza en si de verdad vamos a tener más con esto o aquello que se nos ofrece. Y siempre, siempre, habrá peces que entrarán a ese anzuelo. De hecho, es como pescar en un barril. Gente de diario en cuestiones fotográficas, aficionados serios, aficionados avanzados y, sobre todo, ese filón maravilloso que es el constituido por los aficionados con buenas posibilidades económicas y poco criterio. Podría dar aquí nombres y apellidos de unos cuantos, con marcas, modelos y precios. He estado en Italia estos días atrás, precisamente. Llevaba dos años sin viajar, gracias al COVID, al exceso de trabajo, a los males familiares y a algún que otro motivo más. Y es cierto: apenas he visto gente con cámaras "de verdad". Yo llevaba mi D700 comprada de segunda mano por 400 euros, con mis objetivos D con más años que el peluquero de Lola Flores, y me sentía un bicho raro. He visto, en cambiio, mucho móvil que parecía más bien una televisión pequeñita, demasiado grande para la mano que lo sujetaba. Pero oigan, todo cristo iba más contento que un cochino en un charco. Hasta que les digan que el móvil se ha quedado atrás, claro. Hasta que alguien, aprovechando que ya es hora, empiece a meter en la cabeza de todos nosotros -ya se salvará el que pueda- que el móvil no, que lo que peta es el generador de hologramas. Y hala, todo dios a por el generador de los cojones, dejándose una tela por el camino. Por qué pasar hambre, si es de noche y hay higueras.
  2. Lo de operarse de miopía funciona bien en general, pero hay una cosa a tener en cuenta, sobre todo si ya estás en los 50 o vas de camino: según me dijo mi oculista en su momento (había ido a consultarle lo de la operación de miopía), si eres de los propensos a sufrir cataratas (los miopes están más expuestos a las cataratas tempranas), es mejor que el ojo esté intacto para que acierten con la graduación de las lentes intraoculares que te colocan cuando te las operan. Esto es, que no estén las cicatrices en la córnea que deja la operación de corrección de la miopía. Si tengo que hablar por mi experiencia personal (me operaron de cataratas subcapsulares con 49 años), es cierto. Conmigo "clavaron" la graduación de las lentes intraoculares, y sólo me quedó la presbicia propia de la edad. Yo utilizo varias soluciones según la cámara: si tiene ajuste dióptrico lo uso y lo gradúo al punto en el que veo bien el visor y las indicaciones (D700, D100 por ejemplo). Si alguna cámara no lo tiene (Pentax KM, FM2, Bronica) tiro o de las progresivas neutro-cerca que tengo (qué dinero más bien gastado) o de gafas de cerca que me pongo y me quito, llevándolas con un cordel de ésos para el pescuezo. Lo de enfocar con gafas nunca me ha costado, porque he llevado gafas desde los 14 años hasta los 49, que me operaron de cataratas, y hasta ese momento no supe lo que era enfocar sin ellas.
  3. Yo tengo herramientas de carpintería con más de un siglo, y siguen dando el mismo uso que cuando se hicieron. Tengo un serrucho para cola de milano de William Hall que tiene más de 100 años, que me costó 50 céntimos hecho polvo en un rastro y que, una vez restaurado y afilado, funciona de absoluta maravilla. Ahí tengo cepillos, berbiquíes, sierras, etc, que en las manos adecuadas seguirán dando uso. Lo que pasa es que las manos adecuadas no son las de un yutuber que usa 17 máquinas para hacer lo mismo que puede hacerse con cuatro herramientas y la técnica adecuada. Como con otras cosas, las limitaciones y el "sentido" (disimulen ustedes) vendrán más del usuario que del equipo.
  4. ¿Vintage? Vintage soy yo, que paso de largo de los 50. Ese equipo no lo es. Y dará uso durante mucho tiempo, seguramente. El precio es imbatible, creo yo.
  5. Cierto, no se puede ser mecánico sin buenas herramientas, pero ¿qué decir del mecánico que anda siempre buscando cambiar las herramientas por otras supuestamente mejores, cuando las que tiene no están aprovechadas o son más que suficientes? No hablo de no tener llave para cambiar el aceite, sino de cambiar una llave perfectamente utilizable (y muchas veces infrautilizada) por otra "mejor". Y en no pocos casos se dejará que la llave, ella sola, cambie el filtro. Hay llaves muy modernas por ahí. También podríamos hablar de estar continuamente pendientes de las llaves que salen al mercado, de si las llaves más modernas tienen el mango de polipropileno en vez de caucho -importante diferencia en el agarre de la llave- y de si controlan ellas solas el par de apriete o, como las llaves que ahora tenemos, requieren el tacto del mecánico para que la junta del filtro no asiente mal y tengamos fugas después. Y de poner a la venta en el mercadillo de www.mecanistas.com llaves impecables con su embalaje y su factura de compra. Llaves en estado mint, diremos. Ni manchas, ni hongos ni arañazos. Y pondremos junto a la foto de la llave una en la que se vea el número de veces que ha sido utilizada, que demuestra que son muchas menos de las que soporta. Muy poco uso, diremos. Las vendo por cambio a llaves sin espejo.
  6. Ya, pero es que el comentario de más arriba no hacía esas distinciones, precisamente. Pero vamos, que no es nuevo esto tampoco. Cuando hace algún tiempo participé en el debate de si la Df gustaba o no, y por qué gustaba o no, hubo quien llegó a dos conclusiones: 1. Quien rajaba de la Df era porque no se la podía permitir. 2. Quien rajaba de la Df no respetaba a los que sí les gustaba. Lo segundo es tan ridículo que no merece la pena volver a comentarlo, pero lo primero, absurdo y equivocado, ni era la primera vez ni, por lo que se ve, fue la última. Afortunadamente no siempre ni para todos los motivos se reducen a una cuestión de billetera, pero insisto: allá cada cual con las conclusiones a las que llega, por muy poco sostenibles que puedan ser. Y por cierto: independientemente de poderse permitir o no un capricho, tampoco lo que sucede es que vayan sobrados con la cámara que tienen una "minoría abrumadora". De hecho, y llevo con esto de la fotografía desde 1.991, es aplicable a una mayoría abrumadora. Y desde que existen estos cacharritos modernos digitales cargados de prestaciones, más todavía. Otra cuestión es ya la de las percepciones, posibilidades, gustos o lo que sea. Ahí ya no entro. Pero sobrados, lo que se dice sobrados desde el punto de vista de la capacidad del equipo, la práctica totalidad. Eso de "la cámara se me queda corta" lo llevo viendo, leyendo y escuchando desde hace muchos años, y hasta donde yo he podido comprobar, no es cierto prácticamente nunca. Los que se suelen quedar cortos, casi siempre, son la técnica y los conocimientos. Pero claro, nunca faltará quien esté seguro de que el mejor mecánico es el que tiene las mejores llaves de tuercas.
  7. O sea, que si alguien pasa de estar siempre pendiente de las novedades o no le interesa la forma en la que el asunto está planteado, la conclusión es que no se las puede permitir o lo echan de casa. Así, a lo corto. Cada uno llega a las conclusiones absurdas que le parecen, faltaría más.
  8. Es que me tienen vuestras mercedes cogiendo moscas, oiga.
  9. Pero vamos a ver ¿las zetas no son esas cosas que salen en otoño, y que las hay comeztiblez y no comeztiblez?
  10. Yo es que toqué techo hace tiempo, Vigotski. Hace mucho ya que decidí que con los cacharros fotográficos que tengo, que son unos cuantos, ya había de sobra. Que ni actualizaba software, ni cambiaba de ópticas ni leches con vinagre. Me di cuenta de que no iba a hacer con la cámara que fuera nada que no hiciera ya con lo que tenía. Las limitaciones no están en el equipo, sino en el equipado. Estar siempre pendiente de "no quedarse atrás" me parece algo inmensamente absurdo. Pero es que hay algo más, y es que tener que estar pendiente de los cambios obligatorios derivados del "estar actualizado" (ordenador, software, ópticas, etc) convierten para mí la fotografía en un coñazo, no en una diversión. Tragar con eso no me divierte, por tanto el día que casque el equipo que tengo o deje de servir del todo dejaré la fotografía como afición y me dedicaré a otras que tengo. Total, tampoco es que vaya a perderse un nuevo Galen Rowell si dejo de ir por ahí con una cámara encima.
  11. No, porque viejo ya era. Yo nací con seis años y tenía trece antes de cumplir los nueve. Saca cuentas.
  12. Una más. Otra más. Ahora las cámaras sin espejo. Llevo algún tiempo desconectado de estas cosas y de las novedades fotográficas, más que nada porque entre el COVID y lo que no es el COVID llevo como año y medio con las cámaras en el dique seco, pero sobre esta farfolla de las cámaras sin espejo ya recuerdo haber leído mucho por aquí cuando empezaron a salir. Recuerdo haber leído en estos foros que el espejo y su vibración eran graves inconvenientes, y que poco más que menos las cámaras sin espejo venían a sacarnos de las tinieblas fotográficas en las que por lo visto habíamos vivido hasta entonces. Recuerdo otras parecidas: el visor electrónico en vez del visor óptico, el imprescindible e irrenunciable histograma en el visor, los tropecientos puntos de enfoque que eran imprescindibles para hacer retratos descentrados y alguna más. Innovaciones y avances sin los que la fotografía iba a ser impensable en nada y menos. No sé. Llevo la tira de años tirando de cacharros que, según he ido viendo y leyendo, estaban obsoletos a los quince minutos de salir al mercado. Llevo desde que Dios era chico usando los mismos objetivos (ah, esos horribles objetivos cuyo anillo de enfoque gira al enfocar, gravísimo inconveniente donde los haya). Tengo un trípode de aluminio con más arañazos que las manos de un majara de los gatos que, según supe en su día, tendría que haber mandado al carajo en cuanto salieron los de fibra de carbono. Pero nada, nada de eso, tiene sentido si ahora existen las cámaras sin espejo, que dan sentido o no a una compra fotográfica. Toma castaña. Qué chorradas, joder. Con prácticamente cualquier cámara medio qué de las que se han hecho en la última década, el 99% de los aficionados y profesionales irían servidos, sin ser capaces de aprovechar las capacidades que ofrecen, y ahora resulta que hay que plantearse si tiene sentido comprarse una cámara réflex habiendo ya cámaras sin espejo. Madre mía de mi vida. Mientras, yo no paro de preguntarme por qué las puñeteras cámaras de fotos, a pesar de toda su tecnología y todos sus nuevos materiales y todos sus prezzemoli, tienen cada vez el tacto más endeble, los botones más ridículos, los mandos más pequeños y los agarres pensados para las manos de mi sobrina. Cámaras que me cuesta coger con comodidad, con unas manos normales y corrientes como las que tengo, y cuyos mandos de uso supuestamente polivalente están colocados en posiciones que uno creería pensadas para las manos del alienígena de Roswell. Cacharros que se averían con la mirada y que compras pensando cuánto tardarán en tener averiada la pipeta del trifásico. Por qué tienen visores supersofisticados en los que en realidad no se ve una mierda y objetivos con pinta de mírame y no me toques. Por qué al comprar esa cámara tengo que pensar automáticamente en renovar software, hardware y su puñeteramadreware y volverme majara con el almacenamiento en nube, la versión del sistema operativo y el apellido del Fotochof. Por qué, en definitiva, no dejan de dar por saco con las chorradas y vuelven a fabricar cacharros con los que uno pueda hacer fotos tranquilamente durante mucho tiempo sin preocuparse de gilipolleces. Perdón por el arrebato. Me hago mayor, ya saben ustedes.
  13. Yo, con Foto-R3, una y no más. Hace ya tiempo que les di de lado, después de algunos pedidos. La última vez que les pedí material me mandaron Velvia a un mes de su fecha de caducidad, y a saber cómo había estado almacenado porque todo salió rosa. Todas las fotos a hacer puñetas. Cuando quiero reponer material, tanto película como material para revelar, acudo ya siempre a Macodirect (www.macodirect.de). Son muy serios y de fiar, lo que no es poco en estos menesteres donde el material no es barato precisamente. Los precios de Fuji se han vuelto prohibitivos, y los de Kodak van por el mismo camino. Afortunadamente, en blanco y negro hay fabricantes que hacen cosas muy buenas, como Ilford o Bergger, que nada tienen que envidiar a lo fabricado por los dos grandes del asunto. A decir verdad, para mí no creo que haya ya nunca nada como el Acros en el carril de 100 en blanco y negro, el TriX en el de 400, y desde luego nada como el Velvia en diapositiva, pero a los precios que se han puesto les pueden ir dando morcilla. Ilford tiene emulsiones extraordinarias a un precio mucho más contenido. Y de la diapositiva, con todo el dolor de mi corazón, creo que habrá que olvidarse en muy poco tiempo, salvo que se disfrute de una economía con muchos posibles. El color, mal que nos pese, creo que quedará sólo para el digital, aunque ojalá pudiera decir otra cosa.
  14. En mi caso es "Luces de Montaña", de Galen Rowell. Es un libro tan bueno en todos los sentidos que vuelvo a él cada poco. La tecnología fotográfica habrá cambiado todo lo que se quiera, pero en cuestión de planteamientos sigue siendo tan válido como siempre.
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