Solo utilizamos cookies estrictamente necesarias en las que se incluyen las propias y las analíticas de google y facebook para fines únicamente analíticos, todas ellas se utilizan para el correcto funcionamiento de la web, facilitar la navegación ofreciendo un servicio mejor, más seguro y más rápido. No utilizamos cookies publicitarias. Puedes aceptar todas las cookies para seguir navegando. Consulta más información en Política de cookies.
Hay una cosa que tengo muy clara: amo mi equipo. No estoy hablando de fútbol, si no que me refiero al fotográfico. Otra cosa que tengo clara es que por ello, necesita el máximo cuidado de mi parte: no lo dejo tirado en cualquier sitio y procuro evitar que se dañe por golpes o por otros factores externos.
11
Nov2014
A la hora de transportar la cámara hay que ser muy cuidadoso con ella, ya que el mínimo golpe en el sitio adecuado puede arruinar una o varias jornadas fotográficas, incluso unas vacaciones.
La protección por ello es primordial y quizá uno de los aspectos que más descuidamos dentro de lo que llamamos rutina o flujo fotográfico, que aunque tiene que ver con la secuencia de acciones en nuestro trabajo, también hace mención al equipo, y las bolsas o las mochilas son casi siempre las grandes olvidadas.
Para ello, tengo que desplazarme con un equipo de muestra valorado en miles de euros: un par de cuerpos, dos o tres ópticas, quizá algún flash y una u otra “chuche” fotográfica más. Un ordenador portátil, teléfono móvil, tablet, cables y cargadores varios, baterías, alguna muda, un pequeño neceser, etc. ya sabéis, cosas de esas que llevamos cuando viajamos.
Una de las bolsas que uso generalmente para ir al trabajo es ideal también para estos viajes cortos, pero tiene un problema: aunque está muy bien, no me garantiza que el equipo esté seguro. Y es que aunque puedo hacer algún tipo de “apaño” para protegerlo, no viajará en las condiciones ideales. Un equipo de primera debería viajar en primera clase.
Y entonces la encontré: una mochila diferente a lo que había visto hasta ahora, era como mis “otras” mochilas que uso para distintas actividades, pero indudablemente, esta protege el equipo. Así que me decidí por la LowePro Pro Tactic AW 350. La 450 AW, más grande, me permite llevar más equipo y el resto de cachivaches de forma más cómoda, pero aquí prioricé el tamaño porque en esta ocasión no iba a viajar tan cargado de ópticas.
La LowePro Pro Tactic AW
En mi caso, el contar con este sistema ha sido una buena noticia, ya que dispongo de multitud de bolsas y accesorios compatibles con este sistema. Eso sí, mis bolsas son de colores kaki o arena que contrastan demasiado con la Pro Tactic, a partir de ahora, las compraré en color negro, aunque no estaría mal ver una ProTactic de color kaki.
Puntos de acceso
Podemos abrir totalmente la mochila por la parte trasera, de este modo tenemos un acceso total al equipo. La tapa trasera es también el compartimento para un portátil. En este caso es perfecto para mi MacBook Pro de 13”, para ordenadores de un tamaño superior, es mejor opción la ProTactic 450 AW. Esa misma tapa alberga tres bolsillos que dejan ver su interior. Me gustó el detalle de que cada bolsillo tuviera una parte de tela para guardar el deslizador de la cremallera de modo que no pueda rayar el equipo.
MaxFit
Este modelo de mochila dispone del sistema MaxFit, que consiste en una serie de divisores que son más delgados que los divisores principales, pero que tienen un diseño diferente: el velcro no está a los extremos de estos sino que está cosido aproximadamente a un centímetro hacia el interior, es como una especie de solapa con velcro. La función de este diseño es asegurar que cada pieza de equipo está bien sujeta y no “baila” dentro de la mochila, y es que, por muy gruesos que sean los divisores, si el equipo se mueve, puede dañarse. Al tener el velcro en una solapa, es muy sencillo desplazar el divisor hasta que ajuste a la pieza de equipo, por ejemplo un objetivo de modo que quede perfectamente sujeto. Puede parecer una tontería pero es un gran invento.
Bolsillos
En las correas de ajuste a la cintura encontramos otros dos bolsillos. Pueden servirnos de cartera, monedero, etc. ideales para pequeños objetos a los que queramos acceder sin quitarnos la mochila. Por cierto, estas correas laterales, si no las necesitas, pueden retirarse. Pasan por dentro de la mochila y están aseguradas con velcro. En mi caso no las quitaré nunca, ya que son las responsables de repartir mejor el peso y evita que nos carguemos la espalda en exceso.
Las zonas que nos tocan: la parte trasera y las correas, disponen del sistema de circulación de aire Activ Zone que consiste en tres canales que se separan del contacto con el cuerpo en la zona de la espalda y un acolchado especial de dos capas: una de espuma y una tela transpirable que hacen que el sudor aparezca (si lo hace) mucho más tarde.
All Weather
Me ha venido muy bien en muchas ocasiones, de hecho, tuve que estrenarla casi de inmediato en esta mochila: en mi visita a Foto Ruano Pro, Palma de Mallorca nos recibió con una intensa lluvia, así que lo primero que hice al bajar del avión fue colocar la funda protectora, -se coloca en cuestión de segundos, de modo que tu equipo estará protegido incluso si te sorprende un chaparrón-. La mochila y el equipo llegaron intactos a las presentaciones.
No lo dudes, tu equipo no está completo si no lo aseguras. Cuando lo transportes sin protección, no tienes equipo. Ahora que tengo esta mochila, se me plantea otra duda: ¿cual será mi siguiente bolsa?