Una imagen de una piscina natural, un día de temporal, con un equilibrio asimétrico. En el instante de fotografiar, nunca pienso en realizar composiciones equilibradas; lo que sucede es que mi mente las busca de forma inconsciente. La mirada se ejercita con la práctica y cada vez resulta más fácil encontrar encuadres que nos gusten, respetando ese punto intuitivo que es tan importante en la fotografía personal.
EL CENTRO DE INTERÉS
Antes de realizar una fotografía, deberíamos preguntarnos qué es lo que pretendemos captar, cual es nuestra intención. En la mayoría de las escenas, siempre existe un elemento que atrae más intensamente nuestra atención y que constituye el centro de interés y en torno a él ha de basarse todo intento de composición.
El significado de cada elemento presente en nuestra imagen va a variar según la ubicación, dimensión o protagonismo que le asignemos; por ello, es fundamental la situación y tratamiento dado a cada uno de ellos en nuestra escena.
Es muy importante que nos aseguremos de que nuestro centro de interés es percibido como tal en nuestra composición. Si pasa desapercibido para el espectador, habremos errado en nuestro intento de comunicación.
Imaginad que vamos a un bosque, encontramos una hermosa seta marrón y la elegimos como centro de interés de nuestra fotografía. Al regresar y mostrarla a un amigo, ni siquiera repara en ella y percibimos, a pesar de sus esfuerzos por disimular, que no parece muy entusiasmado con nuestra imagen. La seta es una anécdota, pequeña y confusa entre tanta hojarasca.
Heridos en nuestro amor propio, regresamos al día siguiente al mismo lugar, seguros de que, esta vez, reglas compositivas en mano, conseguiremos darle a nuestra seta la importancia que se merece. ¿Qué podemos hacer para conseguir nuestro objetivo? ¿Cómo podemos establecer nuestro encuadre en función de nuestro centro de interés? Tenemos varias alternativas:
Situar nuestra seta utilizando los puntos de interés de la regla de los tercios va a ayudarnos a que ocupe un lugar privilegiado de nuestra composición, en especial si elegimos el punto inferior izquierdo, que es el que resulta más efectivo. Si evitamos situarla en el centro del encuadre, reforzamos la expresividad de la fotografía y el resto del espacio actuará como un factor de equilibrio compositivo.
También es importante asegurarnos de que no existen otros elementos que puedan estar robando protagonismo a nuestro sujeto. Advertimos la presencia de una enorme hoja amarilla que resulta muy llamativa y la retiramos de nuestro encuadre.
Nuestra imagen ha mejorado bastante pero nuestra seta todavía se confunde con la hojarasca que la rodea y es muy importante que el fondo de una escena no compita con el motivo principal.
Para este caso, disponemos de varios recursos. Podemos variar nuestro punto de vista para situar nuestro centro de interés sobre un fondo de tonalidad opuesta a él (objetos claros sobre fondos oscuros y viceversa). También podemos buscar un fondo de color complementario (por ejemplo, el cielo azul). Otra opción es desenfocar el fondo (abriendo el diafragma, utilizando una focal más larga o acercándonos más a la seta) para darle homogeneidad y que así no distraiga. Finalmente, utilizando la iluminación adecuada, podemos resaltar las zonas que nos interesen y lograr que otras pasen más desapercibidas.
Tras elegir la alternativa más adecuada según las condiciones de la escena, logramos captar una imagen en la que nuestra seta se convierte en la absoluta protagonista. Por fin, podemos mostrar, con gran satisfacción, la fotografía a nuestro amigo, que queda encantado.