Ha tardado en llegar, pero no ha decepcionado. La Nikon D3X pertenece a la segunda hornada de réflex digitales con sensor de formato completo (36x24 mm) de Nikon. Sobre el mismo cuerpo de la pionera de la marca japonesa en este formato, la D3, que ha revolucionado el mundo de la fotografía deportiva y de reportaje con una increíble velocidad de trabajo y un comportamiento a ISOS altos desconocido hasta su llegada, la D3X monta un sensor que casi dobla la resolución (24,5 megapíxeles) y está orientada más bien a la fotografía de estudio y moda. La carrera de los megapíxeles en las réflex modernas, que algunos vaticinaron se detendría en torno a los 15/18 megapíxeles ha vuelto sobrepasándolos de largo… y esta vez parece no tener fin. La D3X mantiene lo mejor de la D3, con un cuerpo robusto y muy ergonómico, pese a su gran tamaño, que se mantiene casi inalterado desde la aparición de la D1 ¿si algo está bien hecho para qué cambiar? Se mantienen igualmente el cuerpo sellado con blindaje contra polvo y agua (lo que indica que no sólo se ha pensado en su uso en estudio, publicidad y cartelería, sino también para fotografía de naturaleza), el avanzado sistema AF de 51 puntos, el doble compartimento para tarjetas CF, la estupenda pantalla de 3 pulgadas y 920.000 puntos de resolución, el fantástico visor con 100% de cobertura o el curioso horizonte virtual que se ha instalado ya en toda la gama profesional de la marca nipona, llegando a la D300s. También hereda el discutido mando de selección entre los modos de enfoque (S ó C y enfoque manual), algo propenso a cambiar de posición al guardarla o sacarla de la mochila y que es quizá el único mando cuya ergonomía no merece un 10 de todas las Nikon “pro” actuales. Se echa de menos no obstante el sistema de limpieza de sensor de la D700 (da un poco de respeto ponerse a limpiar manualmente un sensor que por si solo supone un sobreprecio sobre la D3 de más de 3.000 euros) y llama la atención la reducción de velocidad de disparo entre las opciones de 12 bits (ráfaga de 5 fps) y 14 bits (sólo 2,5 fps), limitación que pone de manifiesto el origen Sony del sensor, algo que muchos dudaron al comparar sus prestaciones en la Nikon y en la cámara de la misma resolución de Sony, que decepcionó en sus primeras pruebas y sembró dudas entre los potenciales compradores de la D3X. Nikon no ha dejado claro esto, o al menos a mi no me consta, pero parece que la marca del logo amarillo realizó importantes modificaciones en el sensor antes de montarlo en esta cámara, y que no se limitaron a dividir la altura del escalón del convertidor analógico-digital para permitir el proceso a 14 bits. Según Nikon, se han optimizado las características de los píxeles, utilizando una “matriz de microlentes sin solución de continuidad, lo que permite incrementar la cantidad de luz recibida por cada fotocélula, y en consecuencia mejorar la relación señal/ruido, ofreciendo un más amplio rango dinámico y menor ruido, con transiciones tonales más suaves”. Uno no sabe donde acaba la técnica y donde empieza el marketing en este tipo de comunicados, pero el caso es que en este caso la calidad de imagen que proporciona el sensor se nota… siempre que no le pidas que se salga de su rango óptimo de trabajo.
Respecto a la D3 y la D700 pierde parte de ese sensacional comportamiento a altísimas sensibilidades, debido a su mayor concentración de píxeles que hacen que tenga casi el doble de fotorreceptores en el mismo espacio, pero se defiende bien hasta 1.200 ISO y muy bien hasta 800 ISO. Su guerra no es la de la fotografía sin trípode en condiciones de luz escasa ni la ráfaga suelta en fotografía de acción (aunque sus 5 fps le permiten un uso en fotos de acción siempre que se use la opción de 12 bits). Por eso lo primero que notamos al encenderla y manipular la escala de sensibilidades es que el ISO nativo es ahora 100 (200 en sus hermanas de formato) y que el ISO máximo calibrado es 1600, mientras que D3 y D700 alcanzan en las mismas circunstancias 6.400 ISO. Hay que destacar no obstante que la resolución de los archivos que produce la D3X permite ampliaciones un 50% superior, lo que permite que a igualdad de ampliación, el posible ruido queda mucho más oculto por la menor ampliación relativa que se necesita, con lo que la diferencia no es tanta en la práctica. Aproveché su llegada para realizar un trabajo para una empresa dedicada a cárnicas, que quería decorar los muros de sus oficinas con copias lambda de dos metros de lado mayor de sus animales y explotaciones: los resultados son espectaculares, sin atisbo del píxel ni de ruido a esas ampliaciones incluso acercándose mucho más de lo razonable para visionar la copia entera. Aún en las zonas muy desenfocadas sobre fondos oscuros, a ese tamaño de ampliación el resultado es sorprendentemente bueno; y aquí vemos cuál es la liga en la que juega la D3X: la de las grandes ampliaciones. Su uso en fotografía de arquitectura también es uno de sus puntos fuertes; no sólo porque permite mejor que ninguna el reencuadre con pérdida de megapíxeles que exige la corrección de líneas convergentes, sino también porque admite sin problemas de resolución la nueva gama de objetivos Nikkor PC descentrables, con los que aprovechar el sensor en toda su extensión.