La Fotografía y la Autoridad
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Fecha de publicación:  14/06/2012
La Fotografía y la Autoridad

Con frecuencia, la policía y los guardias de seguridad impiden a los fotógrafos realizar su trabajo, en especial en el Reino Unido. ¿Por qué ocurre esto y qué trascendencia tiene para el turista o el fotógrafo que viaje a Londres este verano?
Fuente: Nikon Pro
I'm a Photographer
Quién sabe si hoy existiría un género tan rico como la fotografía de calle, si artistas como Henri Cartier-Bresson, Elliot Erwitt o Robert Frank hubieran tenido que lidiar con vigilantes de seguridad demasiado diligentes o hubieran sido arrestados, siguiendo leyes antiterroristas, por hacer fotos. A pesar de que en la mayor parte de los países occidentales todo el mundo tiene derecho a hacer fotografías en lugares públicos, muchos fotógrafos tienen problemas a la hora de hacer su trabajo. Todos sabemos que hay restricciones (complejos militares o espacios privados), pero a menudo, a los fotógrafos se les impide hacer su trabajo en calles concurridas y lugares públicos. En algunos casos hay leyes que prohíben publicar determinadas fotos; por ejemplo, no se puede utilizar a una persona (a veces, ni un edificio particular) con fines publicitarios. Y en Francia y Alemania, el derecho a la intimidad exige en muchos casos la autorización del sujeto para la publicación.

Basta con hacer una búsqueda en Internet para descubrir innumerables casos, demandas y foros sobre fotógrafos a los que la policía o vigilantes de seguridad les han prohibido hacer fotografías. En el Reino Unido, la relación entre los fotógrafos y las autoridades es especialmente tensa. Si bien hay varias leyes que la policía esgrime para impedir que un fotógrafo realice su trabajo (como la ley de orden público o la obstrucción de las tareas policiales), la policía del Reino Unido suele recurrir a la ley antiterrorista, una de las más restrictivas de Europa Occidental. Parece que la situación puede incluso empeorar durante la celebración de los Juegos Olímpicos, dado que las autoridades estarán en alerta máxima ante la posibilidad de ataques terroristas. El dispositivo de seguridad que se pondrá en marcha durante los Juegos Olímpicos tiene un coste estimado de más de 660 millones de euros.

Grant Smith, de la organización I’m A Photographer Not A Terrorist afirma: “Temo que la animadversión hacia los fotógrafos, tanto aficionados como profesionales, vaya en aumento porque el sector de la seguridad está avivando el miedo a los ataques. Creo que la sombra de la sospecha se cernirá en gran medida sobre los fotógrafos. Yo no aconsejaría a nadie que deje de hacer fotografías. Estos tiempos de limitación de las libertades y creciente desconfianza forman parte de nuestra historia social”. Brett Jefferson Stott, director del London Festival of Photography piensa lo mismo, pero añade: “Evite fotografiar todo lo relacionado con la seguridad, como cámaras de vigilancia. Si lo hace, puede que alguien sospeche de usted, sobre todo si anda merodeando. Tiene que preguntarse si merece la pena el enfrentamiento por hacer esa foto, incluso aunque tenga razón. Ante cualquier discusión, conviene que grabe la conversación discretamente en vídeo o audio por si llaman a la policía o termina en comisaría.
I'm a Photographer not a Terrorist
No hay duda de que eso tendría una repercusión considerable en Internet”. Hay muchos testimonios de fotoperiodistas a los que la policía ha parado y registrado al amparo de la ley antiterrorista, y después los han arrestado y confiscado su equipo. También ha habido incidentes en los que la policía defendía la ilegalidad de fotografiar y filmar a la propia policía, sobre todo en manifestaciones. Ese hecho ha suscitado la sospecha de que el único fin era impedir que los fotógrafos cubriesen las protestas y mostrasen la actuación de la policía.

Diversas campañas iniciadas por la National Union of Journalists, Amateur Photographer y la organización I’m A Photographer Not A Terrorist han propiciado una modificación de la ley. La corrección supone que para poder parar y registrar a un fotógrafo, la policía tiene que disponer de “sospechas razonables” de actividades terroristas, lo cual ha reducido este tipo de casos. El aviso oficial, publicado en la página web de la policía metropolitana, es el siguiente: “Ningún ciudadano ni representante de los medios de comunicación necesita un permiso para filmar o fotografiar en lugares públicos, y la policía no tiene potestad para impedirles filmar o fotografiar incidentes o a miembros de la policía”.

La policía ha hecho esfuerzos para aclarar este asunto, pero todavía hay casos de policías que tratan de controlar a los fotógrafos. Recientemente photothisandthat.co.uk documentó cómo la policía prohibía toda fotografía en el exterior del tribunal de Old Bailey en Londres, tras la sentencia condenatoria contra los asesinos racistas de Stephen Lawrence. Si bien el mensaje va calando poco a poco, el proceso es incluso más lento en el sector de la seguridad privada. En Londres, es muy habitual encontrar vigilantes de seguridad que impiden a los fotógrafos tomar imágenes de los edificios que están vigilando. Con el fin de ilustrar este extremo, el London Festival of Photography 2011 produjo un cortometraje en el que se enviaba a seis fotógrafos a la City de Londres a fotografiar edificios. A todos los fotógrafos se les impidió hacer fotografías, por lo menos, en una ocasión y tres encontronazos terminaron con la intervención de la policía.

Brett asegura: “La policía puso en marcha una iniciativa en la City de Londres, denominada Project Griffin, según la cual, la policía pedía a las empresas de seguridad que les ayudasen a detectar comportamientos sospechosos y luchar así contra el terrorismo. Creo que los vigilantes de seguridad, en muchos casos, han ido demasiado lejos y han aducido motivos antiterroristas para justificar una preocupación infundada por la seguridad. Hay grabaciones en las que hablan de ‘vigilancia secreta’, cuando es evidente que los fotógrafos, con sus enormes cámaras no puede ser muy secretos”.
I'm a Photographer
“Y todo esto, a pesar de las últimas directrices del Ministerio del Interior y de la Asociación británica de empresas de seguridad, según los cuales: el hecho de que un individuo esté realizando una fotografía no indica, por sí mismo, una inspección hostil ni ningún otro comportamiento sospechoso”. No obstante, Brett se muestra optimista: “Las nuevas directrices establecidas para la policía y empresas de seguridad privadas van sin duda a mejorar esta situación, en especial, una vez que hayan tenido tiempo de calar en toda su estructura organizativa”.

Por otra parte, Grant ha detectado una tendencia más preocupante. Durante el movimiento Occupy London, los guardias de seguridad de la adyacente plaza Paternoster (de gerencia privada) se mostraron cada vez más hostiles. Asegura: “Los propietarios de la plaza Paternoster han revocado el derecho de tránsito a través de un espació ‘público’ con gerencia privada. La creciente privatización de nuestros espacios públicos supone el aumento de contratación de personal de seguridad para proteger estos terrenos de reciente adjudicación”.

Parece que los fotógrafos tendrán que hacer frente a más injerencias en su trabajo durante algún tiempo, y es más importante que nunca continuar la campaña y asegurarse de que sus voces se escuchan. Por supuesto, asumimos que hay una preocupación fundada en lo que a ataques terroristas se refiere, pero en un mundo en el que Streetview y Google Earth son fácilmente accesibles, sin mencionar los miles de cámaras de circuito cerrado que han proliferado por todas las ciudades (especialmente en Londres), quizá los fotógrafos no debieran continuar siendo los principales sospechosos.
Díselo a la Mano
RECOMENDACIONES DE GRANT SMITH, DE I’M A PHOTOGRAPHER, NOT A TERRORIST

Si le para la policía: Sea amable y educado. La policía ya no le puede parar y registrar en virtud a la sección 44 de la ley antiterrorista, y deben tener sospechas razonables de que usted es un terrorista para aplicar la sección 43. No obstante, si un agente de policía quiere impedirle hacer fotografías, puede hacerlo conforme a la ley de orden público o por obstrucción de las tareas policiales. Por eso es muy importante conservar la calma y la corrección. Continúe haciendo fotos por todos los medios, si bien esto puede ser interpretado como un acto subversivo y tendrá que hacer uso de la máxima discreción y sensatez.

Si le paran vigilantes de seguridad: Explíquele con educación que no tiene derecho a impedirle hacer, visualizar o eliminar imágenes, dado que usted se encuentra en un lugar público. No importa si el edificio es de titularidad pública o privada. No obstante, si el vigilante de seguridad insiste en plantarse delante de su objetivo, espere a que llegue la policía (puede estar seguro de que les llamarán si usted no se mueve) y exponga sus derechos. No necesita un permiso previo para fotografiar cualquier edificio o persona desde un lugar público. Con frecuencia, los vigilantes esgrimen la ley de protección de datos como argumento para que deje de fotografiar. Esta ley no es aplicable a su situación.

Si desea más información sobre los derechos del fotógrafo y la campaña I’m A Photographer Not A Terrorist, entre en photographernotaterrorist.org



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