Quién sabe si hoy existiría un género tan rico como la fotografía de calle, si artistas como Henri Cartier-Bresson, Elliot Erwitt o Robert Frank hubieran tenido que lidiar con vigilantes de seguridad demasiado diligentes o hubieran sido arrestados, siguiendo leyes antiterroristas, por hacer fotos. A pesar de que en la mayor parte de los países occidentales todo el mundo tiene derecho a hacer fotografías en lugares públicos, muchos fotógrafos tienen problemas a la hora de hacer su trabajo. Todos sabemos que hay restricciones (complejos militares o espacios privados), pero a menudo, a los fotógrafos se les impide hacer su trabajo en calles concurridas y lugares públicos. En algunos casos hay leyes que prohíben publicar determinadas fotos; por ejemplo, no se puede utilizar a una persona (a veces, ni un edificio particular) con fines publicitarios. Y en Francia y Alemania, el derecho a la intimidad exige en muchos casos la autorización del sujeto para la publicación.
Basta con hacer una búsqueda en Internet para descubrir innumerables casos, demandas y foros sobre fotógrafos a los que la policía o vigilantes de seguridad les han prohibido hacer fotografías. En el Reino Unido, la relación entre los fotógrafos y las autoridades es especialmente tensa. Si bien hay varias leyes que la policía esgrime para impedir que un fotógrafo realice su trabajo (como la ley de orden público o la obstrucción de las tareas policiales), la policía del Reino Unido suele recurrir a la ley antiterrorista, una de las más restrictivas de Europa Occidental. Parece que la situación puede incluso empeorar durante la celebración de los Juegos Olímpicos, dado que las autoridades estarán en alerta máxima ante la posibilidad de ataques terroristas. El dispositivo de seguridad que se pondrá en marcha durante los Juegos Olímpicos tiene un coste estimado de más de 660 millones de euros.
Grant Smith, de la organización I’m A Photographer Not A Terrorist afirma: “Temo que la animadversión hacia los fotógrafos, tanto aficionados como profesionales, vaya en aumento porque el sector de la seguridad está avivando el miedo a los ataques. Creo que la sombra de la sospecha se cernirá en gran medida sobre los fotógrafos. Yo no aconsejaría a nadie que deje de hacer fotografías. Estos tiempos de limitación de las libertades y creciente desconfianza forman parte de nuestra historia social”. Brett Jefferson Stott, director del London Festival of Photography piensa lo mismo, pero añade: “Evite fotografiar todo lo relacionado con la seguridad, como cámaras de vigilancia. Si lo hace, puede que alguien sospeche de usted, sobre todo si anda merodeando. Tiene que preguntarse si merece la pena el enfrentamiento por hacer esa foto, incluso aunque tenga razón. Ante cualquier discusión, conviene que grabe la conversación discretamente en vídeo o audio por si llaman a la policía o termina en comisaría.