Muchos fotógrafos vienen por la naturaleza virgen del país. Islandia tiene una superficie similar a la de Portugal, pero su población es de apenas 300.000 habitantes, de los cuales dos terceras partes viven en la capital y sus alrededores, lo que hace que sea el país con menor densidad de población de Europa.
Hildur Hermannsdóttir, de Isafold Travel, una agencia que organiza viajes para fotógrafos, asegura que todas las épocas del año tienen su atractivo. “Las estaciones son muy diferentes”, explica. “En invierno, los días son cortos, pero tienen una luz muy especial, con sombras alargadas cuando el sol asoma por el horizonte, y a menudo puede verse la aurora boreal.
La primavera trae colores vibrantes y, por la época del solsticio de verano, puede verse el sol de medianoche deslizándose sobre el horizonte y elevándose en intensos tonos rojos y dorados. Helga Reykdal, de la agencia de producción Truenorth, especializada en producciones de cine y fotografía, asegura: “Es la gran variedad de paisajes lo que atrae a muchas producciones. Desde la nieve todo el año en los glaciares, hasta volcanes activos e inactivos, géiseres o cataratas. Mucha gente viene buscando algo que parezca de otro mundo, como las arenas negras, que te dan la sensación de estar en la luna”.
Orsolya y Erlend Haarberg son una pareja de fotógrafos que se enamoraron de la isla y aportaron las fotos para este artículo. “Islandia es un lugar muy especial”, nos dice Orsolya. “Puedes ser testigo de grandes fenómenos naturales, y los tonos monocromáticos de los campos de lava negra cubierta de nieve son perfectos para fotografiar. A esto ayuda que no hay apenas árboles, de manera que no hay nada que bloquee la visión. También hay mucha variedad de pájaros. No obstante, esperar a tener la mejor luz a menudo pone a prueba nuestra paciencia, pues el tiempo puede ser muy variable”.
La pareja volvió tres veces más para realizar fotografías para un libro de National Geographic. Una vez, en abril de 2010, llegaron el día después de que el volcán Eyjafjallajökull entrara en erupción y lanzara grandes nubes de cenizas a la atmósfera, lo que no solo les permitió tomar imágenes espectaculares, sino que también provocó el cierre de la mayor parte del tráfico aérea de Europa durante cerca de una semana.